ISIS: Testimonios del horror

> Este reportaje fue publicado en la revista XL Semanal

Lo primero que ve Amira cada mañana al salir de su caravana es Siria. A escasos kilómetros, frente al asentamiento libanés de refugiados en el que vive, se yerguen las montañas que conforman la frontera entre el Líbano y Siria. «No puedo describir lo que siento al mirar. Eso de ahí es Siria, mi casa, pero no puedo ir. No puedo acercarme. En realidad estoy lejísimos».
Amira vive en el asentamiento de Majdaloun, en el valle de Bekaa, la región más pobre del Líbano y que como el resto del país acoge un océano de tiendas de campaña y caravanas donde, según el Gobierno libanés, viven 1,2 millones de refugiados sirios. Esta mañana, las montañas se exhiben nevadas ante Amira. Y convulsas. Aviones y helicópteros militares vuelan sobre el asentamiento con rumbo a la frontera. Allí, desde hace semanas, la milicia Hizbulá y el Ejército libanés luchan juntos contra el nuevo y temido enemigo: el autodenominado Estado Islámico, más conocido como ISIS. Ese mismo día, la portada del periódico libanés Daily Star recoge las palabras del líder de la organización: «Queremos crear un nuevo califato en el Líbano». Los yihadistas de los que todo el mundo habla, que ya controlan la zona norte de Irak y el este de Siria, ya tienen nuevo objetivo. Y sigue expandiéndose.

La semilla del mal.
La pregunta es: ¿de dónde sale el grupo terrorista más poderoso de las últimas décadas? Se impone realizar un contexto breve para tratar de entender una de las regiones más complejas del mundo. Este contexto parte de la división de los musulmanes en suníes, por un lado, y chiíes, por otro. Entre los dirigentes de ambas ramas no hay una buena relación. Podría decirse que Oriente Medio vive sumido en una guerra fría desde hace años entre las dos facciones. Dirigiendo el bando suní está Arabia Saudí y, más o menos alineados con ella, los países de mayoría suní, que son casi todos los árabes. La otra rama, la chií, la preside Irán, único país junto con Irak y Bahréin de mayoría chií. En esta guerra fría, Irak y Siria eran piezas que mantenían el equilibrio regional: el primero era un país de mayoría chií, aunque dirigido por Sadam Huseín, que era suní. El segundo vivía el caso contrario: la mayoría de la población era suní, pero el Gobierno de Basher Al Asad el dictador sirio era chií. Cuando en 2003 los Estados Unidos entraron en Irak y derrocaron a Sadam, la mayoría chií hasta ese momento en la oposición tomó el control del país y llevó a cabo durísimas venganzas contra los suníes. Su padecimiento encontraba reflejo en Siria, donde Al Asad aplicaba mano de hierro contra algunas comunidades suníes. Perseguidos, castigados y sin posibilidad de mejora (los jóvenes suníes de Irak nacidos en los ochenta apenas accedían al mercado laboral), encontraron en la violencia una respuesta. Se formó así la Yamat al Tawhid wal Yihad, algo así como la Comunidad del Monoteísmo y la Yihad, una milicia de jóvenes suníes, que es la semilla del ISIS.

Herederos de Al Qaeda.
La semilla en realidad tenía padre: Abu Musab Al-Zarqawi, el jordano que era la mano derecha de Osama Bin Laden. Él creó una franquicia de Al Qaeda en Irak que se desempeñó de forma particularmente sanguinaria con atentados suicidas y decapitaciones grabadas en vídeo. Los correligionarios suníes de Al-Zarqawi al frente de Al Qaeda terminaron por hartarse de sus violentas tácticas; según algunas versiones, fue la propia Al Qaeda la que en 2006 informó de su situación geográfica exacta poco antes de que dos bombas inteligentes norteamericanas mataran a Al-Zarqawi en su refugio. Sin su líder primigenio, los jóvenes suníes adoptaron el nombre de Estado Islámico de Irak para, finalmente en 2013, denominarse Estado Islámico de Irak y el Levante. Los dos siguientes sucesores de Al-Zarqawi murieron en 2010. Al-Baghdadi, autoproclamado califa y actual líder de ISIS, asumió el mando. Y reforzó la estrategia de Al-Zarqawi de asesinatos en masa y caos generalizado, al mismo tiempo que se distanciaba de Al Qaeda, que pasaba a ser ‘historia’.

El avispero Sirio.
Un tercer factor para entender el ISIS es el conflicto que estalló en Siria en 2011. En un principio enfrentó al régimen de Al Asad contra los rebeldes del Ejército Libre de Siria, pero enseguida apareció la yihad para pescar en río revuelto. El crecimiento del ISIS no hubiera sido posible sin el apoyo o la pasividad de ciertos países. Cuando entraron en Siria el régimen de Al Asad no se enfrentó a ellos, ya que vio en el grupo un inmejorable e indirecto aliado. Se unían a los rebeldes, pero con su violencia desatada los desacreditaban. ISIS era un grupo que permitía a Occidente ver al dictador como un mal menor. El tiempo le ha dado la razón, y los Estados Unidos han llegado a apoyar al régimen de Al Asad con tal de derrotar al ISIS.

¿Por qué tanta violencia?
ISIS ha llamado la atención del mundo entero por el terror absoluto de sus acciones fuera y dentro de sus fronteras. Hay que tener en cuenta que, pese a los terribles atentados en París, Dinamarca, Bélgica o Canadá, casi todas las víctimas de ISIS son musulmanes de los territorios ocupados. Con los que se resisten no tienen piedad. Son enemigos de todo aquello que no acepte la sharía, que, entre otras cosas, prohíbe fumar, ver la televisión o escuchar música; impide que las mujeres salgan de casa salvo para lo imprescindible y castiga con la muerte no profesar el islam suní al pie de la letra.E imponen su ley con particular saña. ¿Por qué tanta violencia? Básicamente, por dos razones: una religiosa y otra mediática. «La crucifixión o la decapitación no son cosas que unos frikis yihadistas se han sacado de la literatura medieval», dice Bernard Haykel, profesor de Princeton y máximo experto en el ISIS. «Se basan en los textos sagrados». Haykel defiende que en Occidente menospreciamos el peso de la religión y que tendemos a creer que son unos ‘tipos listos’ con intereses económicos disfrazados de mulás, pero «la realidad es que el Estado Islámico es islámico. Muy islámico». Es verdad que atrae a psicópatas y aventureros, pero la religión que predican y practican, decapitaciones incluidas, «deriva de una interpretación coherente y literal del islam».La razón mediática y estratégica puede ser más entendible desde Occidente. Al-Zarqawi, ‘profeta’ de este terror, defendía sus violentas acciones por el caos que generaban. Y, de hecho, funcionaba. Si a eso le unían el poder de Internet y las redes sociales para difundir su terror, la estrategia era perfecta. ISIS cuenta con un potente equipo de informáticos, hackers, realizadores e ingenieros que han logrado promover la marca por todo el mundo. Se han convertido en un grupo que provoca una macabra fascinación.

Un cuasi estado.
Pero no todo es terror en el califato. La organización mueve millones de dólares provenientes de asaltos, tráfico de armas y personas, la venta de petróleo de las zonas ocupadas y también un impuesto especial la jizya recaudado a los cristianos que aspiran a que les dejen vivir. Tienen una clara jerarquía que cuenta con líderes, ministros y una estructura de Estado, con capital en la ciudad siria de Al Raqa. Cientos de miles de personas viven hoy bajo el control de este grupo en un estado casi viable. Sus historias hablan de cabezas cortadas, latigazos, casas quemadas y un sinfín de horrores. Pero también de servicios y ayudas a una comunidad marginada y castigada durante años. Por ejemplo, en las zonas bajo su mando, proporcionan atención médica gratuita a toda la población. Defienden la seguridad social como ‘ley de Dios’. Y esa asistencia incluye proporcionar alimento y casa a los fieles suníes que sigan sus preceptos. Lo que, de momento, hacen. Aunque eso implique cuantiosas facturas que pagar… O diezmar a la población.El ISIS cuenta, además, con miles de admiradores en todo el mundo los llamados ‘lobos solitarios’ dispuestos a atentar por su cuenta en nombre del grupo. Lo gritan los sirios cuando se acercan a sus pueblos y aldeas. «¡Que viene el Daesh!». El grupo avanza y cultiva pánico en el suelo que pisa. Miles de sirios siguen huyendo cada día. Siguen llegando a los países vecinos y con ellos traen las historias que han padecido. La crueldad extrema que el ISIS, aparte de aplicar, está sabiendo mostrar al mundo.

TESTIMONIOS:

Um Yousef. Cruzó las montañas con su familia la misma noche que ISIS entró en su pueblo.
“Mis vecinos tenían fotos en sus móviles que les mandaban, desde aldeas controladas por Daesh [como allí llaman a ISIS], de cadáveres con la cabeza cortada. Recuerdo sus banderas negras. Para ellos somos todos enemigos. Esa misma noche nos juntamos un grupo y cruzamos las montañas para llegar al Líbano. Aquí estamos a salvo, pero mi hija sufre ataques de pánico y ansiedad. Mientras estén en Siria, no volveré. Si ganan la guerra, nunca regrasaré a mi casa”, susurra resignada.

Khadija. Vive en el campo de refugiados con su hija. Su marido está en un hospital en Turquía.
“Desde que llegaron a mi barrio, tuve que taparme entera para salir a la calle. Pero eso no te quita el miedo. Estaban siempre nerviosos, había tensión constantemente. Eso no es vida”. Khadija decidió vender su coche para huir al Líbano después de que una explosión llenase de metralla la pierna de su marido. Hoy vive en el campo de refugiados palestino de Beddawi, en Trípoli, con su hija pequeña. “Espero que alguien los derrote porque, si no, tendré que abandonar mi país para siempre”.

Um Ahmed. Huyó con su familia y testimonia que en las filas de ISIS hay mercenarios.
“Cuando llegaron a mi pueblo, nos dimos cuenta de que eran extranjeros. Hasta la ropa era distinta. El primer día arrestaron a quince milicianos rebeldes y les cortaron las cabezas. Luego, las pusieron en medio del pueblo. Fue horrible. Nadie hace eso. Cuando los otros grupos luchan y hay civiles, paran de disparar. Ellos no. Ellos disparan a los vecinos. Volvería a Siria, aunque siguiese la guerra, si se van. Prefiero la guerra antes que vivir con ellos. Ellos no respetan nada. Son enemigos de todos”.

Amira. Tiene miedo a hablar porque su familia todavía está en Hasaka, ciudad en la que el régimen y el ISIS pelean desde hace meses.
“Es un desastre, cada día está peor”, susurra. Amira es suní, se supone que, a priori, no es objetivo de los yihadistas. “Eso les da igual. Los extranjeros creen que matan solo a cristianos. Pero ellos van a por todos. Y mi familia sigue allí. Hace meses que no puedo hablar con ellos, pero sé que la vida que tienen ahora es muy dura. Y no quiero que sea peor por mi culpa”. Y con eso zanja la conversación.

Ali Abbas. Cruzó las montañas ilegalmente porque las fronteras están cerradas. Tuvo que pagar a una banda para que los guiasen campo a través.
“Colgaron las cabezas de los cables de la luz. Ahí estaban, para que las pudiéramos ver todos los días al salir a la calle”. Ali recuerda la entrada de los yihadistas en su pueblo. “Cuando recuerdo sus caras, las banderas negras entrando en el pueblo, me late muy fuerte el corazón. Así como golpeando”… y mueve fuerte la mano contra su pecho. “El primer día entraron en las casas y rompieron las televisiones y los teléfonos, decían que distraían de rezar”. Antes de eso, el miedo ya había llegado a las calles. “Recuerdo el terror cuando un vecino me dijo: ‘¡Llega el Daesh! [ellos se niegan a llamarlo Estado Islámico]”. Después, el horror. “Vivíamos con miedo permanente. A algunos vecinos les cortaron las manos y los pies y los ponían a los lados de la carretera, para avisar a los que llegaban. La vida era insoportable, así que decidimos huir. Tuvimos que pagar 800 dólares a una banda para que nos llevasen al Líbano. Hay que cruzar ilegalmente por las montañas. Pero es mejor ese riesgo que seguir viviendo con el Daesh”.

LOS TENTÁCULOS DE ISIS.

¿Cuántos son? El ISIS cuenta con entre 25.000 y 30.000 militantes activos, según los Estados Unidos. Pese a ello, no está considerada una fuerza militar que pueda enfrentarse a un ejército organizado. Más peligrosa es su expansión geográfica a través de alianzas en Oriente Medio y África.

¿Qué quieren? Volver al siglo VII. Son fanáticos religiosos que hacen una interpretación literal o extrema del islam. Usan los medios del siglo XXI para implantar una concepción de la sociedad propia del siglo VII, última referencia de un califato auténtico, según ellos.

¿Son un estado? No, pero para imponerse es clave tener un territorio, el califato, en el que aplicar la sharía. No hay ley sin estado. Por eso se llaman Estado Islámico. Y por eso en el mundo árabe se niegan a llamarlos así. El califato no tiene fronteras (reconocerlas es blasfemia). Debe expandirse… hasta el Apocalipsis.

¿Tienen límite? El fin del mundo, creen, está cerca. Se producirá durante el ‘reinado’ del 12 califa. Y Al-Baghdadi es el 8… Ocurrirá tras la guerra entre el califato y el ejército de Roma, en la que ellos vencerán. ¿Qué es el ejército de Roma? Viene a ser cualquier ejército infiel. Los Estados Unidos, desde luego, encajan en el papel.

Chechenia. Casi todos los líderes de la insurgencia chechena enfrentada a Rusia han declarado su lealtad a ISIS y financian acciones en Siria.
Afganistán. El líder de ISIS allí, Abdul-Rauf, murió en enero en un ataque con drones de EE.UU. El Estado Islámico quiere arrebatar a los talibanes el control.
Pakistán. En el país donde murió Bin Laden, ISIS lleva a cabo intensas campañas de propaganda para captar yihadistas desencantados con Al Qaeda.

Arabia Saudí. El país se declara anti-Estado Islámico, pero millonarios saudíes lo financian. Los une ser suníes y querer desestabilizar a Occidente.
Egipto. El grupo Ansar Beit al-Maqdis, que pretende la independencia del Sinaí, se unió a ISIS en noviembre. La situación en el Sinaí alarma a Israel.

Jordania. Después de que ISIS quemara vivo a un rehén jordano, el Gobierno ha pasado al ataque. Pero ya el año pasado varios grupos del país se habían unido a ISIS.

Nigeria. Boko Haram anunció su alianza con ISIS hace dos semanas, aunque ellos tienen su propia estretagia. La expansión en África es un gran peligro.

Libia. Cada vez más milicianos declaran seguir al Estado Islámico. Los yihadistas tienen varios campos de entrenamiento en el país.

Zonas de apoyo. Áreas donde ISIS actúa libremente pero sin presencia permamente.

Zonas controladas. Áreas donde ISIS ha impuesto su autoridad

Zonas atacadas. Áreas que están siendo atacadas por ISIS.

¿CÓMO COMBATIRLOS?

Los amigos kurdos. De momento, la batalla contra ISIS la libran los kurdos y los iraquíes. No han arrebatado a ISIS sus principales territorios, pero impiden que se expandan. Hay quienes defienden una intervención directa de los Estados Unidos y sus aliados. El problema es quién formaría esa coalición.
La coalición imposible. Debería incluir a los países vecinos Egipto, Siria, Irán, el Líbano, Jordania y, aunque todos son enemigos de ISIS, se llevan fatal entre ellos. A favor de la intervención está el que erradicar el califato, el territorio, eliminaría, por definición, a ISIS. No funciona como Al Qaeda, con células dispersas que se esconden y reaparecen.
Los daños colaterales. Pero habría daños colaterales. Y no solo para los que viven allí. ISIS está tendiendo una trampa al mundo. Sus tentáculos llegan a todo el caótico Oriente Medio: la primavera árabe fallida; la guerra en Siria; el caos en el Yemen y Libia; los Estados Unidos acercándose a Irán… Pueden hacer que todo empeore.
Dejarles gobernar. La opción más razonable, de momento, parece ser dejar que ISIS se ‘ahogue’. Es muy caro mantener un estado y puede fallar en «traer prosperidad a su pueblo». Si la miseria se expande, la fe puede contraerse… Es posible que ISIS descubra que gobernar un territorio es más difícil que conquistarlo.
Y después… Todavía hay espacio para que la situación se agrave, según los analistas especializados en yihadismo. Los mismos que insisten en que, visto como hemos llegado hasta aquí, la cuestión no es cómo derrotar a ISIS, sino lo que vendrá después.

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