Un pensamiento inútil sobre la tragedia de Santiago

Antes de que sigas leyendo (y eso que apenas has empezado), debes saber que este texto no va a aportarte nada en lo que al accidente de tren de Santiago se refiere. No voy a darte cifras clave, ni adelantos, mucho menos una exclusiva. Tampoco un análisis de los porqués ni de los cómos. Mucho menos voy a hacer política. Hablar de recortes y pluses de puntualidad para maquinistas de Renfe con los coches fúnebres desfilando a esta hora por Santiago, me parece –sobre todas las cosas- frío. Helador. Definitorio de una persona.

Este texto ni siquiera tiene sentido, porque, en realidad, a quién le importa lo que yo sienta o piense hoy. Al fin y al cabo la mía es sólo una más de las miles de sensaciones de mierda con las que hoy nos hemos levantado muchos gallegos y no gallegos. Este texto, en fin, se reduce a un pensamiento. Un pensamiento  que necesito –necesito- vomitar tras levantarme con una especie de resaca inducida. Pocas veces me había ocurrido, sentir que tengo que hacerlo, que tengo que escribirlo. Por más que me repita a mí mismo que no tiene sentido , ni interés, que es egocéntrico. Por más que, al final, sea una catarsis para conmigo mismo, un ejercicio egoísta. Pero, qué quieres que te diga. Lo necesito.

Es curioso, ayer no bebí una gota de alcohol pero esta mañana, cuando desconecté del sueño profundo y comprendí que estaba sobre mi cama, sentí una asquerosa y espesa resaca en todo mi cuerpo. Después todo se agolpó en mi cabeza. Como un cesto de manzanas que se vuelca, los pensamientos se precipitaron en mi cabeza. “Joder, el accidente”. El tren, esos vagones en los que mil veces he subido. Esos vagones que cuando los veo en las fotos puedo percibir el olor, la sensación de sus asientos, la persona que reparte los auriculares, el caminar hasta el coche-cafetería donde el aire acondicionado suele estar a tope. Esos vagones en los que, cuando llegas a Zamora, te sientes ya cerca de casa, aunque aún queda más de la mitad de horas. Cosas de las infraestructuras gallegas y proximidades. El muro de la entrada de la estación de Santiago, con las conchas del Camino grabadas. Esa sensación de que sabes perfectamente dónde es, en qué punto ha ocurrido porque es que además la autopista pasa justo por encima de ese lugar, y lo has visto un millón de veces. Esa mierda que se siente cuando ves las imágenes y en lugar de llevarte las manos a la cabeza te fijas en el calzado de los cadáveres tapados con mantas en busca de algún colega, de algún conocido. Ese golpe de cercanía cuando, además de las noticias, el Twitter y esas cosas, te empiezan a llegar mensajes y whatsapps. “Iba la hermana de fulano”. “¿Conocías a alguien? ¿Estás bien?”. “Un amigo de mi hermano no sabe nada de sus padres”. Y por la mañana siguen los mensajes. El de un buen amigo contándome que su madre iba a coger el tren y en el último momento lo cambió por el nocturno. Y finalmente, esa imbecilidad inevitable de pensar que casi todos los años, por estas fechas y para estar en el día de mi cumpleaños en casa (que además es el Día de Galicia), cojo ese tren. Y que, por qué no, este año podría haberlo cogido también.

Y en realidad ya está. Esto es todo lo que quería escribir. Supongo que todo se reduce a una necesidad de expresar cómo duele cuando una cosa así te toca tan, tan de cerca. Os dije que era un ejercicio egoísta. Ni siquiera tengo muchas fuerzas para hablar de lo bien que se hicieron las cosas. Desde un presidente dando la cara al segundo y hablando a adultos, hasta bomberos, sanitarios y policías en el lugar del accidente en cinco minutos de reloj. Pasando por miles de personas haciendo cola para donar y médicos corriendo a los hospitales en su día libre. Os lo advertí. Que no iba a hacer política, ni aportar nada nuevo, ni siquiera a hablar de periodismo. Si has llegado hasta aquí, siento haberte hecho perder el tiempo. Se trataba de vomitar mi consternación. Sirva como expresión de la tristeza que muchos padecen hoy y que ni siquiera pueden exteriorizarla. Este pensamiento inútil es para ellos.

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