Por qué la inmigración se percibe como algo malo

La inmigración es una de esas cosas que, siendo buenas, se ve como algo malo. Uno de esos asuntos en los que los datos dicen y demuestran una cosa, pero la sociedad cree que sucede la contraria. Al menos en Europa. ¿Cómo puede ser esto?

La palabra clave es percepción. La inmigración es un tema que se valora, se trata y se discute desde la percepción, no desde la realidad estadística.

En primer lugar la percepción del concepto en sí. Hemos asimilado la inmigración -o nos la han hecho asimilar- como un fenómeno, esto es, algo pasajero, que terminará algún día y que mientras dure supone un problema. Es una visión ‘cortoplacista’, claro. La realidad es que estamos ante una dinámica humana que lleva teniendo lugar desde el comienzo de las civilizaciones. La migración es algo que ha ocurrido, ocurre y seguirá ocurriendo. No es algo, desde luego, que tiene lugar ahora y que se ‘solucionará’ con medidas políticas.

En segundo lugar la percepción personal e individual. La inmigración es un cambio en la comunidad que la recibe. Un cambio brusco, que transforma el paisaje de tu barrio, calle o pueblo y que lo convierte en diferente. Lo diferente es extraño y lo extraño, como primera reacción, da miedo. Al menos temor. Una calle que se llena de negros, moros o latinos es una calle diferente a hace 20 años. Esta percepción asusta. Es una reacción humana. Si la situación, además, es complicada de por sí, como es el caso de vivir una crisis, los mecanismos de miedo y de defensa se activan con mayor virulencia ante el extraño que añade competencia (y encima desleal por no ser de aquí). Aparece la xenofobia,  reacción  humana extrema ante lo extraño.


Y en tercer lugar la percepción como nación o comunidad. De nuevo una reacción de miedo, de temor, ante el cambio. En esta ocasión no es un miedo individual, sino un miedo colectivo a la pérdida de identidad. Una sociedad puede ver la venida de extranjeros como una amenaza a sus elementos vertebradores, como costumbres, cultura o religión, en lugar interpretarlo como una posibilidad de enriquecimiento en todos los órdenes. Esto hace que muchas personas establezcan niveles de derechos o privilegios basándose en haber nacido en el terruño o fuera de él. De manera que primero van los nacionales, y después, si acaso, los extranjeros. Aprovechando este miedo algunos políticos exigen a los extranjeros a comprometerse por escrito a obligaciones más allá de la ley, como son la de respetar unas costumbres y una cultura, aunque no sean las suyas. Compromiso que no debe firmar ningún nacional, aunque no tenga las costumbres y culturas españolas. A estos les basta ‘sólo’ con respetar la ley. Es una forma de asimilación que disfrazan llamando integración. El último ejemplo está en Francia y su prohibición del burka. París veta expresamente esta prenda con un transfondo de miedo ante su llegada, interpretado como la venida de mujeres sometidas y sumisas. La norma, sin embargo, además de penalizar a la que se supone es la víctima (mujeres cosificadas y anuladas) y obligar a las mujeres que llevan burka a quedarse en casa (porque no se lo van a quitar, eso desde luego), la norma, decía, se solapa con las leyes ya existentes: en Francia no se puede ir a un lugar público con el rostro cubierto y está penado cualquier tipo de maltrato y abuso sobre una mujer. Pero se especifica con el burka. Se lanza un mensaje: la ley no es suficiente para vosotros, inmigrantes, necesitáis mimetizaros y comprometeros a algo más. Necesitáis asimilaros. El multiculturalismo sigue siendo un exótico y divertido término a años luz de entenderse como una forma de vida necesaria, globalizada e inevitable.

¿Por qué se producen estas percepciones?

Tal vez las percepciones más primarias, como son la de la visión de la migración como un fenómeno pasajero y caduco (ante la imposibilidad de tener una visión global de toda la Historia) y la del miedo básico y no malicioso a lo diferente cuando el paisaje del barrio cambia, son percepciones inherentes al ser humano. Estas percepciones no tendrían por qué derivar en rechazo hacia el vecino extranjero. Bastaría con explicar, educar, visibilizar las realidades e integrar. Pero no es ése el camino que se ha escogido, sino que los políticos han tomado estos miedos primarios e individuales y los han explotado en beneficio propio, a cambio de votos. En lugar de decir, “ese miedo que tienes es infundado, observa que no está pasando nada grave”, han dicho: “tienes toda la razón para tener miedo ante este problema y yo voy a solucionártelo”. Esto ha hecho que el temor individual se haya transformado en un miedo colectivo que ha convertido definitivamente la inmigración en un problema. Y ya no importa lo que digan los datos o las estadísticas.

Pero los políticos no van casa por casa hablando, sino que lo hacen a través de los medios de comunicación. Así pues, la responsabilidad de que la inmigración sea hoy un asunto irremediablemente negativo para la mayoría, no es sólo de los dirigentes. También de quienes les prestan la voz.


La responsabilidad de los medios en las percepciones

Hace unos días, la Fundación Bertelsmann organizó una Mesa Redonda sobre el tratamiento de la inmigración en los medios. Tuve el placer de ser invitado y las reflexiones que allí se hicieron pretendían demostrar la gran parte de responsabilidad que tiene la prensa en la alimentación de las antes mencionadas percepciones sobre la inmigración.

El problema fundamental, tal y como expuso en la Mesa Redonda Gonzalo Castillero, director del periódico ‘Sí, se puede’, es que la mayoría de medios de comunicación se ha doblegado al discurso político, de manera que informan al compás de la agenda de sus líderes. En la mayoría de casos no se trata la información migratoria más allá de la visión política: un compartimento estanco puntual, ajeno al día a día y del que se informa cuando hay una fuga (delincuencia). Esto hace que la percepción que reciben los ciudadanos es la de un problema que ojalá termine pronto, porque sólo da disgustos. En realidad, el periodismo aborda este asunto del mismo modo que el resto de temas a tratar: intentado captar la atención brusca y rápidamente. Lectores, audiencia, datos… un negocio-show que se basa en atrapar seguidores al precio que sea. Es por ello que las pateras son noticia como verdaderas avalanchas, pero no es noticia un licenciado en telecomunicaciones ecuatoriano que llegó sin nada. ¿Qué es más importante? Eso no importa, la pregunta es, como en todos los tratamientos periodísticos de hoy, ¿qué tema capta más lectores/espectadores/consumidores?

Con esta filosofía no es de extrañar que el espacio y el tiempo que los medios dedican a hablar de sucesos se hayan disparado llamativamente. Algunos de ellos, por qué no, son protagonizados por inmigrantes. ¿La mayoría? Las estadísticas dicen que ni mucho menos, la percepción ciudadana cree que sí. Mencionar la nacionalidad de los protagonistas de un suceso, aunque nada aporte a la información, es una de las explicaciones de por qué a veces se asocia inmigración a delincuencia. Un chico apuñalaba varias personas en un supermercado hace unos días. Una importante página web adelantaba el suceso en dos líneas. Especificaba que era un joven, que había atacado a varios clientes del establecimiento, que había huido y que cuando la policía le detuvo en la calle, se autolesionó. Añadía, al final, que era magrebí. ¿Importa algo en la noticia? Informativamente nada, pero sí ayuda a alimentar la percepción, la idea, de que hay un problema con los extranjeros. Y ahí están los políticos para solucionarlo.

En esta dinámica del periodismo triunfan también las anécdotas. Se convierte en noticia hechos aislados, sin importancia, pero llamativos. Por ejemplo, hace unos meses un padre musulmán que se quejó porque un profesor de su hijo hablaba de jamón. Es tan ridículo como cualquiera de las cientos de estúpidas quejas que reciben los profesores cada día. Pero se convirtió en noticia, como si tuviera importancia real, y logró que, de nuevo, ‘tuviéramos que soportar las ancestrales costumbres que nos invaden’.   

En realidad, en el tratamiento que se hace de la inmigración en los medios se estereotipa al migrante, de manera que pasa a ser un objeto sujeto a análisis, no un ser humano. Y no es una exageración. Cuando un inmigrante aparece en un medio, casi siempre es por su condición de inmigrante, no porque tenga otra historia que contar. Si un periodista busca entrevistar a un ecuatoriano, no es para saber qué opina como ciudadano del servicio de recogidas de basura o de los niveles de paro. Es para ver cómo afecta esto a los inmigrantes. Así, se genera un paisaje definido como ‘ellos y nosotros’. Se trata la inmigración como algo ajeno a la realidad de los oriundos y que sólo ha de tocarse cuando nos afecte. Es decir, se transmite el modelo de una sociedad con dos clases de ciudadanos y que, una de estas dos clases, está por debajo, al servicio, de la primera. Ni rastro de una sociedad multicultural y pluriétnica, mejor y más enriquecida. A pesar de ser la realidad.

No sólo eso, si no que los inmigrantes en los medios son antes inmigrantes que personas. De hecho, hay tres niveles: inmigrante, extranjero y persona. Si encontrásemos el siguiente titular: ‘Tres personas caen al mar tras naufragar su embarcación’, no entenderíamos de qué se trata. Es necesario leer, ‘Tres inmigrantes caen al mar tras naufragar su cayuco’. El siguiente peldaño es extranjero. Se utiliza para referirnos a un blanco, británico, francés tal vez. Inmigrante sí, pero blanco y parecido a nosotros. Y finalmente el escalafón final: persona, reservado para los españoles.

La inmigración, un asunto beneficioso que percibimos como negativo. Lo paradójico es que quienes alimentan estas percepciones son los mismos que tienen en su mano revertirlas, convertir la migración en algo enriquecedor, integrador y positivo y hacer que la sociedad funcione y se comporte de un modo un poquito mejor.

Este artículo también ha sido publicado en GEA Photowords.

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Por qué la inmigración se percibe como algo malo

3 comentarios en “Por qué la inmigración se percibe como algo malo

  1. Anónimo dijo:

    Hola Nacho carretero. Estoy haciendo un trabajo sobre este tema y la verdad que me ha ayudado mucho leerte, podrías darme información, o algún lugar donde pueda leer mas sobre el tema, las estadísticas y numeros de España.. y si sabes algo de los “green jobs”.

    Muchas gracias y gracias tambien de antemano.

    Me gusta

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