Palestina. Capítulo I: Teoría y Práctica.

Primer capítulo de la serie ‘Palestina’ en la que, a través de mis vivencias tras mis desplazamientos a la zona, intentaré explicar y acercar la realidad del conflicto a todo aquel que le interese.

En la porción de tierra que se comprende desde el Mar Mediterráneo hasta el Mar Muerto y desde la Península del Sinaí hasta el sur de Líbano, se encuentran el Estado de Israel y los Territorios Palestinos. Es decir, Israel y Palestina.

Esta porción de tierra, según lo acordado por la ONU en 1948 (año de la fundación del Estado de Israel), debería dividirse en dos partes: una el Estado de Israel y la otra debería ser el Estado de Palestina. Pero Palestina no es un estado, y nunca lo ha sido, sino que es un Territorio reconocido por casi todos los países pero sin dicho estatus. De manera que, a día de hoy, lo que nos encontramos aquí es, por un lado el Estado de Israel, y por el otro Palestina, un territorio en suspenso legal y compuesto por dos zonas incomunicadas entre sí: la Franja de Gaza, que es una extensión de tierra al sur de Israel que controla Hamás, y Cisjordania, que es otra extensión de tierra entre Israel y Jordania que controla la Autoridad Nacional Palestina (ANP). La ANP es una suerte de Gobierno de facto reconocido por la ONU y que hoy ocupa el partido Al Fatah, enfrentado a muerte, por cierto, con Hamas.

Hamas y Al Fatah son los dos principales partidos políticos palestinos. También está la conocida como ‘Tercera Vía’, que serían los partidos de izquierdas y comunistas, mucho más minoritarios. Al Fatah es un partido laico cuyo ideario es nacionalista, no religioso. Ocupa ahora mismo la ANP, el Gobierno palestino, tras vencer las elecciones. Reconocen el Estado de Israel e Israel les reconoce como interlocutor. Por ello, su brazo armado, las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, está en ‘stand by’. Sin embargo Al Fatah no gobierna en toda Palestina, ya que en 2006 la Franja de Gaza celebró sus propias elecciones en las que venció rotundamente Hamas. Hamas es un partido islámico que no reconoce el Estado de Israel y cuyo brazo armado son las Brigadas Ezzedin al Qassam. Ambos partidos están profundamente enfrentados, por lo que los dos territorios, Cisjordania y la Franja de Gaza, están muy distantes. Hasta tal punto que en ambos lados hay presos políticos del partido ‘rival’ y en 2007 estalló una guerra civil entre ellos.

Por si la división interna palestina fuera poco, dentro de Cisjordania existen asentamientos de colonos judíos y la Franja de Gaza está completamente bloqueada, de manera que sus habitantes no pueden salir de ella. Israel, sin embargo, sostiene que Palestina es territorio en disputa y por lo tanto es legítimo de pelear mediante la ocupación. Dicha postura es condenada y sancionada por la ONU, pero nunca ha sido resuelta por el Consejo de Seguridad, debido al veto de EEUU.

El estado de Israel fue creado en 1948 y es el objetivo cumplido del movimiento sionista. El sionismo es una corriente de pensamiento judía por la que la comunidad hebrea siente la necesidad de poseer un estado propio ante el rechazo sufrido en todo el mundo y a lo largo de toda la historia. Esta corriente fue convertida en ideario político por el judío húngaro Theodor Herzl, quien en 1896 publicó un libro titulado ‘El Estado de los judíos’. El título condensa la tesis defendida en el libro: dado que al pueblo judío no se le había permitido integrarse en la vida europea, a éste no le quedaba más remedio que unirse y fundar su propio estado. Al año siguiente se celebró el primer Congreso Sionista. Y a lo largo de los años posteriores se celebrarían sucesivos congresos que movilizarían a cada vez más judíos de todo el mundo. Lo cierto es que sólo una minoría de judíos apoyaba el sionismo antes de 1930, pero a raíz del holocausto nazi, y ante el horror descubierto tras la guerra, la mayoría de judíos abrazó este ideario. Así pues, tras la Segunda Guerra Mundial, la idea de un Estado de Israel tomó forma definitivamente y la maquinaria judía comenzó a funcionar para lograrlo, apoyándose especialmente en las influencias que esta comunidad tenía en EEUU. En un principio se barajaron varias alternativas para ubicar dicho estado, como la Pampa argentina o Uganda, pero finalmente los sionistas pusieron sus ojos en Palestina, su tierra santa.

Por aquel entonces Palestina era un protectorado británico habitado por una mayoría de árabes y por aisladas comunidades judías que convivían en paz. Sin embargo, la fuerza que cobraba la creación del Estado de Israel desencadenó la tensión. Muchos inmigrantes judíos comenzaron a desplazarse a la zona ante la corriente sionista imparable. Los judíos argumentaban (y la mayoría argumenta todavía hoy) que esa tierra les pertenece, ya que allí estaban hace más de 2.000 años cuando fueron expulsados y, además, es la tierra prometida por Dios. Pero los países árabes de alrededor, Egipto, Jordania (entonces Transjordania), Siria, Líbano, Irak y Arabia Saudí, no tenían la misma idea, y comenzaron a mostrar su público rechazo a la creación del estado sionista y a reclamar como suyo aquel territorio. La escalada de tensión fue a más, y parte de la comunidad judía ya establecida comenzó a organizar grupos paramilitares que atacaban a población árabe y a soldados británicos, como el Irgún. El acto más grave protagonizado por estos grupos paramilitares (armados y organizados) fue el atentado contra el hotel Rey David de Jerusalén, que costó la vida a 91 británicos. Paradojas del destino, hoy vive en este hotel el británico Tony Blair, Alto Comisionado de la UE para Oriente Medio y ex primer ministro de Reino Unido.

En 1948, ante la presión sionista, la retirada británica y la herida conciencia del mundo tras el holocausto, la recién creada ONU somete a votación la creación del Estado de Israel en una parte de la Palestina Histórica y la del Estado de Palestina en la otra. Aunque los sionistas reclamaban para sí todo el territorio palestino, finalmente cedieron a la partición como única vía para lograr la fundación del estado. La ONU estableció una frontera denominada la Línea Verde y EEUU logró convencer a Grecia, Haití, Ecuador, China, Liberia, Honduras, Paraguay y Filipinas para que votaran a favor de la partición y por tanto, inclinaran la balanza definitivamente a la aparición del Estado de Israel. El 14 de mayo de 1948 se declara el Estado de Israel.

Si el pueblo palestino hubiera aceptado el resultado de esta votación en ese momento, tal vez nada de todo lo que vivimos hoy estuviera pasando. Sólo tal vez. Pero entonces el pueblo palestino no estaba organizado y sus intereses eran movidos por los seis aliados árabes que pretendían el territorio adjudicado a Israel. Un día después de la declaración de la fundación del Estado de Israel, Líbano, Siria, Irak, Transjordania, Arabia Saudí y Egipto declaran la guerra a Israel. En el transcurro de esta guerra, millones de árabes palestinos son expulsados de sus casas, cientos de pueblos son arrasados y destruidos por parte del ejército israelí y miles de palestinos mueren a causa de los ataques y de las expulsiones. La guerra finaliza con una victoria clara de Israel, que gana territorio y achica las fronteras del que debiera ser Estado Palestino. Además, millones de palestinos expulsados de sus pueblos y aldeas se ven obligados a instalarse en campamentos de refugiados, la mayoría de ellos todavía existentes hoy. La fundación del Estado de Israel nace con sangre y la ONU se estrena herida de muerte.

En 1964 ve la luz la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), fundada por Yasser Arafat. En 1967 vuelve la guerra, si es que alguna vez se fue. La Guerra de los Seis Días, como es conocido este nuevo conflicto, no la comenzó Israel. De nuevo los países árabes atacaron, pero esta vez la respuesta judía fue mucho más contundente y en seis días aplastaron a sus enemigos, redujeron todavía más el territorio palestino y se hicieron con la Península del Sinaí egipcia y los Altos del Golán sirios. Pero, sobre todo, y lo que es más importante y no había ocurrido hasta entonces, Israel ocupa los Territorios Palestinos y comienza a construir asentamientos. La ONU declara ilegal esta ocupación y la condena, pero nunca ha llegado a sancionarla. Esta ocupación fue desmantelada de la Franja de Gaza posteriormente, pero hoy sigue vigente en Cisjordania.

La superioridad mostrada en la Guerra de los Seis Días hizo que muchos países árabes abandonaran la causa palestina y, con el paso de los años, firmaran la paz con Israel y admitieran su existencia, como es el caso de Egipto (a quien le fue devuelta la Península del Sinaí), Jordania y Arabia Saudí. Ante el abandono árabe, los palestinos comenzaron a organizarse por su cuenta y empezó a cobrar verdadero sentido y fuerza la causa nacionalista palestina. Desde entonces, las negociaciones, a través de mediadores y con mayor o menor éxito, siempre se ha limitado a ambas partes: Israel y Palestina.

En 1993 se produce el mayor avance de la historia, gracias a las negociaciones de Yasser Arafat e Isaac Rabin. Son los llamados Tratados de Oslo. Israel admite, por primera vez, la existencia del Territorio Palestino gobernado por un órgano provisional llamado Autoridad Palestina con potestad para negociar. Ambas partes acuerdan dividir el suelo de Cisjordania y la Franja de Gaza en tres clases, que aún hoy perduran en Cisjordania: Zona A, territorio bajo control exclusivo palestino, Zona B, bajo control civil palestino pero militar israelí y Zona C, bajo control israelí. Este acuerdo debería ir evolucionando hacia una paulatina retirada de Israel del interior de los Territorios hasta que ésta fuera completa. Acuerdan además que Jerusalén sea un protectorado internacional pero no alcanzan un acuerdo sobre el retorno de los refugiados palestinos, algo que echa a perder todos los avances. Para colmo, un año después, un judío extremista asesina a Isaac Rabin. Este acto, según muchos israelíes, ha quedado grabado en la memoria colectiva israelí como una amenaza siempre presente a los presidentes que se atrevan a ir demasiado lejos ante los palestinos. Nunca se ha llegado a un acuerdo tan cercano a la solución como en Oslo.

Tras la ruptura, Israel olvidó su compromiso de retirarse Cisjordania. Aunque sí lo hizo de la Franja de Gaza (aunque posteriormente la invadió, la arrasó y la mantiene bloqueada), en Cisjordania la ocupación, a día de hoy, es total.

Por ello, y tras numerosos intentos de volver a sentarse a negociar, el panorama que hoy en día se dibuja en la zona es el mismo que antes de Oslo: Existen dos territorios, uno reconocido como Estado (Israel) y otro no (Palestina). Este último se divide en dos territorios inconexos entre sí: la Franja de Gaza, no ocupada pero bloqueada y Cisjordania. Dentro de Cisjordania, las zonas controladas por las autoridades palestinas, es decir, las zonas A, no llegan al 48% del suelo cisjordano y quedan reducidas a una serie de núcleos urbanos aislados entre sí y, en muchas ocasiones, incomunicados. El resto (52%) son zonas B y C, suelo controlado por el Ejército israelí donde los palestinos tienen restringido el paso y donde hay asentamientos judíos, que conviven en tensión con los pueblos y aldeas palestinas. Estas zonas B y C no están delineadas al azar, si no que se sitúan entre las principales ciudades y pueblos palestinos, haciendo que éstos queden aislados entre ellos y dibujando cinturones de asentamientos. Por ejemplo, Jericó, al este de Cisjordania, está completamente rodeada de suelo controlado por Israel. Este control llega hasta Belén, en el otro extremo del territorio, de manera que desde un lado a otro del ancho de Cisjordania, todo es control israelí.

Para impedir la libre circulación de palestinos y poder controlar a los que entren y salgan de las zonas B y C, Israel ha instalado puestos de control militar, de manera que toda Cisjordania está llena de los conocidos como ‘check points’. Los palestinos tienen que pasarlos para moverse por su propio territorio. También los visitantes extranjeros. Esto supone un obvio problema para vivir. Muchos ‘check points’ separan la casa de un palestino de su lugar de trabajo o universidad, con lo que deben atravesarlos a diario y no siempre lo logran. En el mejor de los casos deben aguardar interminables colas y atascos, soportar los registros en sus vehículos o ropas y alcanzar el otro lado del ‘check point’. En Palestina no se sabe nunca el tiempo que te puede llevar ir de un punto a otro. Por si fuera poco, el Gobierno israelí ha construido modernas carreteras que conectan los asentamientos judíos con Israel. Pero estas carreteras no tienen salida a ninguna población palestina, por lo que resultan inútiles en la mayoría de los casos a los palestinos, que deben circular por sus carreteras, mucho más rudimentarias y donde el tiempo para llegar a cualquier lugar se multiplica.

He pasado en numerosas ocasiones por ‘check points’. Los que controlan la salida de zonas israelíes para entrar en zonas palestinas suelen estar vacíos, o si acaso con un soldado adormilado. Cuando es a la inversa, los soldados suelen parar los vehículos, hacen bajar al conductor, registran el maletero y dejan continuar. Miles de palestinos tienen que pasar esta rutina a diario. Si van a pie, deben atravesar unos tornos, vaciar los bolsillos y volver a recoger sus cosas para salir por otro torno. Así cada día. A veces los ‘check points’ cierran, y los vecinos se quedan bloqueados unas horas, una tarde o unos días. Hasta que vuelve a abrir. La normalidad en sus vidas es imposible.

El ‘check point’ de la ciudad de Nablus, es uno de los más estrictos.Los soldados, como en la foto, registran cada coche. Foto: Nacho Carretero.

Finalmente están los ‘check points’ que dan acceso a Jerusalén: Belén y Kalandia. Son los más estrictos y lo que padecen los palestinos para atravesarlos es sencillamente indigno.

Acceso al ‘check point’ de Belén. Foto: Nacho Carretero.

Tanto el control de Belén como el de Kalandia, permiten atravesar el Muro. Y es que, además de los ‘check points’ en el interior de Cisjordania, Israel ha levantado un enorme muro entre Cisjordania e Israel. Este muro discurre a decenas de kilómetros de la Línea Verde establecida por la ONU y que delimita la frontera entre ambos territorios. El muro se adentra en territorio palestino y discurre sin ningún tipo de criterio justificable. Con una altura de cinco metros, el imponente muro de hormigón, plagado de murales y grafitis en muchos de sus tramos, se retuerce como una serpiente para aislar pueblos y aldeas palestinas, llega a girar sobre sí mismo para rodear completamente poblaciones enteras y separa absolutamente a ambas poblaciones, en un auténtico apartheid del siglo XXI. Israel justifica su existencia amparándose en la seguridad. Palestina se pregunta qué seguridad puede dar un muro de cinco metros si de verdad tu enemigo tuviese armas.

El muro rodea Jerusalén por la parte Este, es decir, la parte palestina, aunque la Línea Verde queda mucho más hacia el Oeste. De manera que los palestinos que necesitan acudir cada día a Jerusalén a trabajar deben atravesarlo por uno de los dos ‘check points’ que dan acceso a la ciudad santa.

Tramo de Muro que separa Belén de Jerusalén. Foto: Nacho Carretero.

En Belén, cada mañana, miles de ciudadanos palestinos hacen larguísimas colas en el ‘check point’ para poder acudir a Jerusalén a trabajar. Belén es a Jerusalén lo que Getafe es a Madrid, por poner un ejemplo. Si ya es duro acudir al trabajo a las cinco de la mañana cada día, qué decir si, para hacerlo, tienes que atravesar un control israelí. En una ocasión decidí atravesar el ‘check point’ con los trabajadores palestinos para aproximarme a lo que pueden sentir. Con caras ajadas, agotadas por el sueño y el cansancio, miles de obreros palestinos se agolpan cada mañana (todavía sin luz) en los tornos del ‘chek point’ mientras las voces metálicas de los soldados israelíes ocultos tras cristales tintados (al más puro estilo 1984 de Orwell) gritan que se ordenen y no se agolpen. Pero algunos llegan tarde y todavía tienen que pasar dos arcos de seguridad (vaciando los bolsillos, quitándose el cinturón y descalzándose en cada uno de ellos), tienen que superar dos tornos metálicos y una identificación de su huella dactilar. Después deben recorrer un pasadizo enjaulado hasta salir al otro lado, a Jerusalén, y coger un autobús urbano para ir a trabajar. A la vuelta, después de toda la jornada laboral, lo mismo. Así cada día. A mí me permiten pasar aunque el arco de seguridad me pite. El soldado me mira, y sonríe.

En Kalandia, el ‘check point’que separa Ramallah de Jerusalén, el embotellamiento es igual pero con coches. Una jauría de vehículos se agolpa cada día sin ningún orden ni criterio para intentar pasar el control cuanto antes. La mayoría llega tarde al trabajo, pero la parsimonia de los soldados israelíes parece hecha adrede. El estruendo es constante. Los palestinos no dejan de hacer sonar sus bocinas para incomodar a los soldados. Es su única arma en ese momento. En medio del caos, donde nadie cede el paso a nadie ni un solo centímetro, la vida se abre camino y numerosos jóvenes y niños venden agua, fruta y pan en puestos que, en hora punta, parecen un mercado pequeño. El atasco es diario. La calidad de vida, lamentable.

Zonas restringidas, ciudades y pueblos aislados, cientos de ‘check points’ y un enorme muro infranqueable. La vida no es fácil para los palestinos que, además, también sufren la ocupación: asentamientos, colonos, segregación y bloqueo de todo tipo. Pero de eso ya hablaré en el próximo capítulo.

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Palestina. Capítulo I: Teoría y Práctica.

6 comentarios en “Palestina. Capítulo I: Teoría y Práctica.

  1. ELENA MOSQUERA CASTRO dijo:

    Hola Nacho!!
    Acabo de leerlo. Me encanta por dos motivos. Haces una grandiosa y pulcra introducción histórica, a mi humilde punto de ver; para después ir a las experiencias. Ya te dije una vez que me gusta el estilo que utilizas.
    Un abrazo enorme!!!!!

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  2. Enhorabuena por acercarnos a la realidad de Palestina de manera tan exhaustiva.

    Cuando crearon el Estado de Israel se ampararon en esta frase: “un pueblo sin tierra para una tierra sin pueblo” y se quisieron olvidar de los palestinos que ya habitaban allí. Quisieron remediar la injusticia histórica que se cometió con los judíos en el holocausto y provocaron una injusticia aún mayor y una brecha más grave que no para de sangrar.

    María (www.lineainvisible.blogspot.com)

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  3. Fredi Croma dijo:

    Noraboa Nacho, un gran artigo, espero que a sociedade española e o mundo en xeral sexa consciente do que realmente está a suceder, non deixemos que os medios de “desinformación” nos conten milongas.
    Un saúdo!!!

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