Drogas. Capítulo I. Por qué es tan importante hablar de ellas.

Se escucha mucho en los últimos años que esta generación de adolescentes y jóvenes es la más informada sobre las drogas y, por lo tanto, la que mejor debería saber prevenir su consumo problemático. Sin embargo, los datos que cada año muestra la Encuesta Nacional sobre Drogas no dicen nada de un descenso en el consumo. En algunos casos este consumo en ciertas sustancias se mantiene, pero en la mayoría crece. Y crece desde hace bastantes años.

Y es que esta creencia de que los adolescentes actuales están muy bien informados es falsa. Sí, es cierto, son la generación con más información, pero no están bien, o al menos suficientemente bien preparados para afrontar este enorme problema. Los adolescentes han oído hablar cien veces del ‘MDMA’, ¿pero cuántos chicos saben que se trata de un derivado sintético de la anfetamina también conocido como éxtasis? También hablan de ‘speed’, cocaína, cannabis, ácido… pero, ¿qué son exactamente? ¿Qué me producen? ¿Qué riesgos tienen? En realidad, la mayoría de jóvenes no tiene ni idea. Incluidos aquellos que las consumen o las han consumido. No saben qué es lo que están tomando con exactitud y por qué les causa esos efectos.
¿Por qué deben conocer todo esto? Los mayores expertos en prevención de España asumieron hace años que se acabó el ‘No’ a las drogas. Se ha aceptado que las drogas existen, que no van a dejar de existir y que están entre nosotros. Especialmente están entre los jóvenes. No se trata de luchar contra las drogas en el sentido de intentar acabar con ellas, ya que esto es imposible, sino de enseñar a los jóvenes a convivir con ellas para que no se conviertan en un problema cuando se encuentren con ellas (ya que se van a encontrar sí o sí). Para ello se antoja fundamental establecer una base de conocimiento profundo sobre qué son estas sustancias, qué efectos tienen en nuestro organismo y cuáles son los riesgos a los que nos enfrentamos si las tomamos. Esta información y este conocimiento son herramientas fundamentales para la prevención. Cuando la droga aparezca en su vida sabrán a qué atenerse y no basarán su información en lo que les cuente quien se la ofrece.

Pero la realidad es que las drogas siguen teniendo un componente tabú muy grande y eso repercute en el consumo abusivo. En la escuela se sigue pasando de puntillas sobre el asunto y en el seno de las familias las alarmas saltan enseguida. Es como si hablar de drogas incitara a su consumo. Desde la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) explican que la mayoría de padres se siguen alarmando cuando su hijo de 12 ó 13 años les pregunta sobre drogas. En lugar de hablar, los padres suelen investigar con alarma el porqué de esas preguntas, lo que empuja al adolescente a evitar el tema si vuelve a tener dudas. Las drogas, según estos expertos, deben ponerse sobre la mesa y especialmente los adolescentes, deben saber qué son y qué provocan. Este conocimiento debe huir de tabúes, alarmismos, exageraciones y un largo etcétera que el tema de las drogas lleva arrastrando consigo desde hace años. Exagerar y alarmar provoca pérdida de credibilidad para quien recibe el mensaje. Si a los adolescentes les decimos que un porro es igual de malo que una raya de cocaína, no nos tendrán en cuenta para asesorarse porque, directamente, nos guste o no, les hemos mentido. Y decirles que un porro no es igual de peligroso que una raya no es animarles al consumo de porros.

Los últimos avances en prevención explican que se debe educar en la comunicación desde bebés para que nuestros hijos se abran a hablar del asunto en la adolescencia. La prevención comienza mucho antes de que los niños sepan qué son las drogas, trabajando la proximidad y la confianza para que cuando aparezca el problema se aborde sin barreras. En realidad estas premisas de cercanía al hijo previenen muchos más problemas además del de la adicción a las drogas. Esperar a la adolescencia para trabajar la prevención es darle mucha ventaja a la droga. Cuando llega esta edad, cuando los chicos comienzan a escuchar hablar de drogas, entonces parece necesario informarles de qué son y qué riesgos tienen, ya con la confianza en el diálogo ganada muchos años atrás. Y responder a todas sus dudas e inquietudes. El alarmismo, la exageración y la mentira sólo harán que no quieran hablar de ello y que, por lo tanto, no se estén informando adecuadamente y no cuenten con los padres como un recurso de ayuda, sino como un enemigo al que ocultarle el problema.

La información sobre drogas no debe ser dirigida sólo a los jóvenes. También los padres deben aprender. Por ejemplo, es muy importante diferenciar entre consumo experimental y consumo problemático, para otorgar la importancia adecuada a cada caso y que la reacción no se vuelva represión innecesaria o exagerada. No es lo mismo que un chico decida probar racionalmente la cocaína, que que sus problemas personales le arrastren a probar la cocaína. Lo más probable (no siempre) es que la primera se quede en eso, en probarla, y la segunda derive en consumo abusivo. También es necesario conocer qué circunstancias empujan a cada consumo. No es igual, una vez más, que un chico se enganche al éxtasis que a la heroína, porque en casa caso responde a una casuística diferente. El éxtasis se asocia al ocio y la heroína a la adaptabilidad social. Es importante saber calibrar cada consumo según las circunstancias y el contexto para poder enfocar la lucha contra la posible adicción adecuadamente.

Por ello aporto mi granito de arena y tras colaborar con la FAD estos últimos meses en una campaña de prevención, me dispongo a resumir en algunos capítulos qué es cada sustancia, qué provoca y –muy importante- a qué responde el consumo de cada una de ellas. Una pequeña y modesta guía de drogas basada en horas de entrevistas, consultas y lecturas para condensar y resumir un conocimiento que ayude a prevenir su consumo. No soy ningún experto, sólo un portavoz de lo que he oído, leído y me han explicado. Que quede constancia.

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