El silencio de Guatemala. Parte II.

“Somos hijos de una violación histórica”. Es la teoría de Emilio, guía turístico en Guatemala. La explicación de este hombre de gorra y bigote, que organiza excursiones al volcán Pacaya y es un estudioso de la historia, es más romántica que científica: “Hace 400 años llegaron los españoles aquí. Lo primero que hicieron fue violar a las mujeres indígenas. No hubo un mestizaje real –continua- fue una violación colectiva, un abuso, y de ahí nacimos los mestizo guatemaltecos. Somos hijos de una violación histórica y ese resentimiento, ese enfado, aún pervive en nosotros porque, al fin y al cabo, 400 años son siete generaciones. Y eso no es tanto”. Esta exposición explica, para Emilio, la violencia y criminalidad que hoy en día padece su país.

En realidad, y más allá de un reivindicativo ideal, la herencia de una historia sangrienta sí determina en parte la situación de violencia de Guatemala. En lo que al pueblo indígena se refiere, no han obtenido un segundo de paz desde la llegada, en 1524, de los españoles. Entonces sufrieron el primer genocidio para después ser marginados por los colonizadores primero y los criollos después. Cuando Guatemala logró su independencia de España en 1821, siguieron excluidos y sufrieron un nuevo genocidio entre 1981 y 1984, donde 132.000 mayas fueron asesinados. No es fácil ponerse en la piel de un pueblo aplastado desde hace siete generaciones. Tal vez Emilio no esté tan desencaminado: la herencia sangrienta explica en parte la violencia guatemalteca.
Más allá de ser una teoría válida o no, y dejándolo como uno más en la lista de factores que pueden ayudar a entender por qué en Guatemala hay tanta violencia, la herencia de un conflicto es una de las herramientas que posee la criminalidad en el país. Los grupos de poder paralelos al Estado, heredados de la guerra civil, junto a la propia corrupción en el sistema, las maras, los paisas, los narcos y la criminalidad derivada de la necesidad, son las formas que la violencia ha adoptado en el país centroamericano.

Los grupos de poder paralelos al Estado son como las meigas: ‘haberlos, hailos’. La periodista guatemalteca Karen Ramos, me explica que durante el conflicto civil que padeció Guatemala entre 1960 y 1996 se establecieron “facciones de poder, grupos armados y organizados, paralelos al Ejército”. Estos grupos dependían del Gobierno o de partidos políticos en la oposición durante el conflicto y su misión de origen era luchar contra la guerrilla o defender las comunidades donde no llegaban las instituciones. Con el paso de los años y armados hasta los dientes, estos grupos comenzaron a hacer su ley y su justicia en territorios definitivamente suyos. Hoy, decenas de estos grupos han consolidado su cota de poder y siguen actuando al margen del Estado. El caso más conocido es el de las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC). Estos comandos civiles deberían haber sido desarmados tras los acuerdos de paz en 1996, pero su sombra sigue planeando por muchas zonas, especialmente rurales. Son grupos paramilitares armados que ponen su porción en el pastel de la violencia guatemalteca.

Carlos Castresana, presidente de la Comisión de Investigación contra la Impunidad en Guatemala, añade además que “existen decenas de grupos de seguridad privada que nadie sabe exactamente para quién trabajan ni qué hacen, pero que están armados”. Pese a la incógnita, todos los guatemaltecos con los que tengo el placer de hablar coinciden en señalar que estos grupos son utilizados por algunos partidos como instrumento político-social. “Partidos como el FRG, dirigido por el opositor Efraim Ríos (presidente de Guatemala durante el genocidio contra los mayas) tienen en estos grupos una herramienta. Si quieren atacar al Gobierno pueden alentarlos a delinquir o a crear alarma social, y después los políticos opositores atacan al Gobierno”, me explica un periodista guatemalteco que trabaja para la Embajada. Es decir, que la criminalidad organizada, la inseguridad, viene, en algunas ocasiones, dirigida y provocada por partidos políticos. No son pocos los guatemaltecos que creen que detrás de los últimos asesinatos de chóferes de autobuses urbanos en la capital (casi 40 en lo que va de año) están algunos políticos opositores, que hablaron de desmantelar el Parlamento cuando se producían los asesinatos. Nadie tiene pruebas fehacientes, pero las teorías están en boca de todos y cada uno de los guatemaltecos.

El problema llega cuando se comprueba que el Estado, lejos de luchar contra estos grupos, también está siendo parte colaboradora en esta violencia. Se amontonan los casos de corrupción en fiscales, diputados, ministros, cargos policiales… y hasta del propio presidente. Álvaro Colom está en el ojo del huracán tras un vídeo en el que el abogado asesinado Rodrigo Rosenberg, acusa directamente al mandatario y a su primera dama. Si el presidente es sospechoso de enviar unos sicarios a un investigador, ¿es posible exigirle al pueblo que no utilice la violencia?

Ajenos al Estado y sus corruptelas, existen otras formas de violencia en Guatemala. Una de las más conocidas y problemáticas son las maras. Las maras son pandillas de jóvenes y no tan jóvenes hijos de barrios olvidados. Estas pandillas se originaron en EEUU con inmigrantes centroamericanos que se agrupaban ante lo extraño. El fenómeno se trasladó después a los países de origen. Las dos más conocidas son la Pandilla 18 y la Mara Salvatrucha y ambas tienen un fondo casi religioso, espiritual, de pertenencia a la mara, mediante rituales y tatuajes simbólicos. Las maras dominan zonas (distritos) enteras de la capital estableciendo un auténtico contra-estado. En las zonas donde mandan las maras, nadie acude a la policía. Como la mafia, la mara ‘protege’ al vecindario y le soluciona los problemas. A cambio, comerciantes, taxistas o conductores de autobús deben pagar un impuesto a la mara. Además, si hay alguna actuación criminal por parte de la mara, nadie abrirá la boca, ya que es la mara quien imparte justicia, hace y deshace a su antojo: los distritos controlados por las maras son ajenos a la policía, al Estado.

Jairo, taxista en Ciudad de Guatemala, me expone una auténtica tesis sobre las maras de camino al aeropuerto, en la zona 13. Me cuenta que los mareros van tatuados de arriba a abajo, de ahí que los tatuajes se asocien a la criminalidad en Guatemala. Cuidado desdichado europeo con los brazos tatuados si das una vuelta por Ciudad de Guatemala. Sería bueno ocultarlos.

“No vas a ver ningún marero, porque si ves alguno, te matan”. Jairo me cuenta que las maras suelen permanecer en sus territorios: si yo entrase ahí me matarían sólo por no ser del barrio. A Jairo, como guatemalteco, a lo mejor “sólo me dan una paliza o me piden dinero. Lo que no haría nunca si me cruzo con mareros –me dice- es mirarlos a la cara”. El ejemplo a lo que me cuenta Jairo lo encontré en Lisa, una chica de Ciudad de Guatemala de 27 años y que trabaja para una organización de derechos para las mujeres. Hace dos años quiso sacarse un dinero trabajando como agente censal. Por suerte para ella, como me relató, le tocó la zona 1, que no es de las más peligrosas de la capital. Sin embargo, Lisa me explicó cómo en ciertas partes de la zona 1 tuvo que pagar a grupos de chicos para poder pasar. “Estaban en una esquina, me veían y me preguntaban quién era. Les decía que tenía que hacer el censo y me cobraban por continuar. Al final de la tarde ya llevaba el dinero preparado en cada esquina”, relata.

Por si fuera poco este control que establecen las maras, la rivalidad entre ellas es enorme. De hecho, es tal, que Jairo me cuenta que el Estado se ha visto boligado a distribuir a los mareros detenidos en distintas cárceles. Así, si uno de la Mara Salvatrucha es condenado a prisión, se le envía a un centro donde sólo hay mareros de la Salvatrucha. Si enviaran ahí a uno de la 18, duraría minutos. “A la mayoría de la 18 los mandan al Preventivo de la zona 18, que es el distrito de esta mara”, me cuenta Jairo, que me dice que esta cárcel es “terrible”, una de las más conflictivas de Guatemala. El problema de esta medida es que las cárceles guatemaltecas se han convertido en auténticos centros neurálgicos para las maras. Sin pandilleros rivales, los mareros detenidos se encuentran con una “oficina” para coordinar la pandilla. No sólo eso, sino que chicos detenidos por coquetar con la ‘clika’ (pandilla) se convierten en auténticos mareros tras su paso por prisión.

A las maras, según prosigue Jairo sin dejar de conducir, se le unen los paisas. Los paisas son criminales que actúan en grupos organizados, pero que no se consideran pandilleros. No sólo eso, sino que odian a las maras. Se trata de sicarios, criminales por encargo, atracadores, etcétera. Los paisas también tienen sus prisiones exclusivas. “Un día mandaron a dos mareros de la 18 a una cárcel de paisas: les cortaron la cabeza para demostrar que ellos no eran pandilleros”, dice Jairo con los ojos en el retrovisor.

Muchos de estos mareros y paisas provienen de los asentamientos que inundan la capital. Los asentamientos de Ciudad de Guatemala son lo que en Brasil se conocen como favelas y en España como poblados: barrios marginales de chabolas sin control de ningún tipo. Se calcula que hay casi 170 asentamientos en la capital, que tiene un millón y medio de habitantes. Estos asentamientos viven ajenos al sistema, y ni la policía entra en ellos. Jairo me habla con auténtico temor de “La Limonada, El Incienso, La Esperanza o El Esfuerzo”, algunos de los asentamientos más conflictivos de la capital. Allí la necesidad desemboca en criminalidad en demasiadas ocasiones.


Asentamiento de El Incienso, en Ciudad de Guatemala.

Por si este panorama no fuera suficiente, en los últimos años los ‘narcos’ se han instalado en Guatemala. Carlos Castresana explica que “alrededor del 70% de la droga que es trasladada a EEUU pasa o se almacena en Guatemala”. La debilidad del Estado está empujando a muchos cárteles mexicanos a operar en el país vecino, lo que añade un factor más de violencia.

Estos son, por encima y groso modo, los factores que ahogan a Guatemala. La violencia es un aspecto más de este país, con muchas caras. Me he centrado en ella dejando a un lado otras características de Guatemala, como la cordialidad y la amabilidad de la casi totalidad de gente con lo que me topé en mi periplo. Siempre una sonrisa, una disponibilidad tal que hasta incomoda por no saber cómo devolver el cariño. También he dejado a un lado maravillas como Antigua, Tikal o Chichicastenango. No he hablado de los encomiables esfuerzos de las autoridades por recuperar la memoria histórica relacionada con la guerra civil ni tampoco he mencionado la vanguardia legislativa que existe en Guatemala con respecto a Centroamérica en lo que a violencia contra las mujeres se refiere. De hecho, ya han aprobado el término legislativo femicidio, que será aplicado cuando el asesinato de una mujer se haya producido por el hecho de ser mujer.

Guatemala lucha contra su propia violencia y no lo he mencionado. Me he limitado a describir esta violencia. Puede gustar más o menos que hable sólo de esto, pero tras haber estado allí me parece más ético y útil trasladar esta realidad antes que otras. Intentar poner voz a quien necesita voz para que un país tan maravilloso no termine por desangrarse.

Anuncios
El silencio de Guatemala. Parte II.

5 comentarios en “El silencio de Guatemala. Parte II.

  1. Gracias por seguirnos, espero que aclares si te gustamos por nuestra forma de ser o sólo por nuestro físico :).
    Fuera bromas, felicidades, da gusto encontrar un blog tan bueno, me he leído varias de las últimas entradas, y antes que nada, me gustaría felicitarte por tu vida en general: estás trabajando como periodista, pero como el periodista que todos quieren(Quisiéramos)ser, no de teletipo y teléfono, y eso es algo muy difícil (Lo sé porque yo estoy estudiando Periodismo y Derecho en la Complutense y sé de qué hablo, está el mundo imposible en este momento, ni explotar becarios quieren).
    Ahora, me ha encantado el artículo sobre gallegos en Buenos Aires, lo he leído muy a gusto, y lo valioso del artículo es que ES GENTE, tiene vida, no es un refrito de libros etc, es un “he ido allí y he hablado con estas personas, no son “gente importante”, pero están vivos”. Genial.
    Los dos artículos(¿Reportajes?) sobre Guatemala me han dejado boquiabierta, me parecen buenísimos, no sé si te los habrán publicado en algún medio importante, pero para mí podría ser portada de un suplemento dominical de El País. Había leído cosas sobre Guatemala, pero la mayoría acerca de la guerra civil(Y las violaciones de las que hablas), o la tragedia de los niños soldados, pero nunca algo tan actual, tan cercano, es escandaloso el silencio que rodea algunos conflictos olvidados, y me he quedado helada con el simple testimonio de la mujer que trabajó de censora, no se necesita hablar de violencia para hacer consciente del miedo, y cómo lo asumen asusta. Caso aparte el taxista, que al margen me digo que por lo que he leído, ser taxista allí debe ser de los oficios más peligrosos.
    Bueno, querría decir muchas más cosas, pero voy a seguir estudiando que estoy en la biblioteca; sólo quería dejar constancia. Un bico.

    Me gusta

  2. De nuevo, me ha parecido muy interesante la segunda parte sobre la violencia en Guatemala, La frase de Emilio es un reflejo claro de la situación de este país.

    Y lo de los mareros y paisas me ha sorprendido mucho, porque estos grupos son la ley en estos barrios y lo peor de todo es que tienen sus propias cárceles con lo que encima se les 'respalda' desde el Estado.

    ¡Enhorabuena por hacer esta clase de periodismo que tanta falta hace!

    Me gusta

  3. Bueno, al fín encontré un hueco para pararme a leer este artículo y lo de siempre. No tengo mucho mas que añadir a las palabras de Sheila de ahí arriba, mis felicidades por retratar de manera tan “humana” los lugares que pisas.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s