Tengo un par de dudas (o cómo el neoliberalismo ha fracasado)

Estos días me asaltan algunas dudas. Desde mi ignorancia ¿eh? Porque la verdad es que soy un auténtico profano en lo que a economía se refiere. Pero están ocurriendo tantas cosas últimamente, que hasta a los más ignorantes en lo que al funcionamiento del sistema se refiere, se nos plantean varios interrogantes.

Esto del liberalismo, derivado después en el actual y controvertido neoliberalismo, defiende el libre mercado. Si no me equivoco, que alguien me corrija, el actual neoliberalismo que tan en boga está entre la clase pudiente, defiende un sistema en el cual el mercado se autorregula. Es decir, un libre comercio (que en el siglo XIX era compra venta pero que hoy también son inversiones, acciones, sociedades y un largo etcétera) un libre comercio, decía, en el que cada uno intenta hacerlo lo mejor que puede y que, dependiendo de tu habilidad, vista y suerte, te puede ir mejor o te puede ir peor, pero en el que no hay árbitro que te eche una mano. Si te va bien (es decir, si eres rico) enhorabuena: has hecho las cosas bien. Celébralo y gástalo como quieras, pues es tuyo. Si te va mal (es decir, eres pobre) jódete: eres un perdedor y no supiste jugar. En este juego nadie pone límites. El Estado no entra. Es más, el Estado es el enemigo. El sistema neoliberal repudia al Estado como enemigo de la libertad; es un intervencionista que coarta la libertad e impone sus normas.

Éste es el panorama que defiende el neoliberalismo. O bueno, defendía mientras la cosa le beneficiaba. Lo digo porque me da la impresión de que ahora no está siendo así. Si no, ¿a santo de qué en EEUU, expresión máxima de este sistema, el Gobierno le deja dinero a la mayor aseguradora del mundo, AIG, que se iba a la mierda, y ésta lo acepta? Pero vamos a ver, que sigo con dudas, ¿esto no era que el Estado no se metería en un juego de libertad donde cada uno se buscaba la vida? ¿Por qué ahora que falta dinero sí interviene el Estado? ¿No era el enemigo?

El caso es que las dudas me asaltan con más fuerza todavía en el caso de España. En España, como siempre, el tema es aún más grave. Primero fueron las constructoras e inmobiliarias, esas que hinchaban la maldita burbuja inmobiliaria volviendo loco a todo un país que no llegaba a fin de mes para pagar un alquiler. Esas que incumplían constantemente leyes y normativas y que, a golpe de talón, edificaron lo que les salió de los santos huevos. Esas fueron las que, cuando la cosa empezó a venirse abajo hace unos meses, suplicaron de rodillas nuestro dinero al Estado, porque se hundían. Entonces su defendido y amado sistema liberal autorregulado ya no les valía, y querían ayuda. Sin un ápice de vergüenza, y viendo que su jueguecito fracasaba, pidieron el dinero de todos, ése que antes habían robado desde la legalidad. Porque es que, además, los muy pailanes, ni siquiera tuvieron la decencia de ahorrar un céntimo de lo exprimido, y ahora se arrastran pidiendo piedad. No todos, quiero pensar. No todos.

Tras las capitulaciones de constructoras e inmobiliarias llegan el resto. Esta semana tuvo lugar el colmo: Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la patronal, un señor calvo y muy serio, cogió su dignidad con una pala y la tiró a un pozo de barro. Díaz Ferrán, defensor a ultranza del libre mercado, dijo sin rubor el miércoles que es necesario abrir un paréntesis en la economía del libre mercado. Textual. Tal cual. Este señor quiere un alto en su mentira, quiere el dinero del Estado para superar esta crisis porque su autorregulación parece no funcionarle. Lo más escalofriante es que un paréntesis se abre, pero después se cierra. Y una vez cerrado, este señor , ya con la aguas calmadas, volverá a disfrutar de sus dineros y que nadie se los toque porque esto es un sistema de libre mercado en el que él ha logrado triunfar y no le debe explicaciones a nadie. Mucho menos al Estado al que un día pidió ayuda, eso sí, entre paréntesis. Como que nadie se entere.

Y es que todas estas cosas están ocurriendo como entre paréntesis. Yo lo veo bastante grave, eso a pesar de que soy un profano en el asunto. Pero a nadie parece indignarle en exceso. Estos señores no tienen vergüenza, directamente. Renuncian a sus creencias y valores y piden ayuda a quien siempre odiaron y lo peor es que dejan claro que en cuanto se les dé la ayuda que piden, seguirán a lo mismo, demostrando que su único valor y creencia tiene un nombre: dinero. Y si no, ¿por qué no pidieron ayudas al Estado cuando veían desfilar por sus oficinas y empresas a contribuyentes asfixiados por sus reglas? Ah, eran perdedores en juego de máxima libertad. Que se pudran bajo la mirada impasible del Estado.

Voy más allá: creo que ha quedado en evidencia el sistema. Y esto es muy grave. Lo peor (o lo mejor) es que han sido los propios defensores de este sistema los que han evidenciado el fracaso, dejando claro que el mercado es incapaz de autorregularse mientras su ambición y codicia sigan creciendo sin final. Es más, han sido ellos los que han hecho fracasar la teoría de sus ideas, por codiciosos, porque en mi opinión un sistema que se autorregula (anarco-capitalismo) no tiene por qué ser malo, como tampoco tienen por qué ser malos de base otros sistemas que fracasaron antes. Hay quien dice que el comunismo no cuajó porque el hombre no estaba preparado para ponerlo en marcha. No estoy muy de acuerdo, pero puede que pase lo mismo con este asunto. Seguimos siendo unos egoístas. Y así es imposible que funcione nada. Ni lo de todo para todos, ni lo de cada uno lo suyo. Es triste, pero seguimos necesitando a alguien vigilándonos para que nadie se pase.

Para no terminar tan negativo, voy a hacer un terrible esfuerzo y comprender que estas empresas y señores de corbata han pedido la ayuda porque de otra manera las consecuencias hubieran sido terribles para todos. Yo no lo sé, pero hay quien dice que la quiebra de la aseguradora AIG hubiera hecho tambalear los mismos cimientos del sistema. De acuerdo, se pidió ayuda porque se desmoronaba todo, como una cuestión de pura humanidad. Pero se pidió ayuda. Y eso, habrá que tenerlo presente de aquí en adelante ¿no? ¿O se olvidarán en seguida, cuando ya les hayamos dejado nuestro dinero?

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Tengo un par de dudas (o cómo el neoliberalismo ha fracasado)

10 comentarios en “Tengo un par de dudas (o cómo el neoliberalismo ha fracasado)

  1. Anónimo dijo:

    El problema querido compañero es que cuando una empresa quiebra su dueño no se arruina. Ellos tienen su fortuna a buen recaudo y los que pagan las consecuencias son los trabajadores que se van al paro, los clientes que no reciben las casas por las que han pagado o los proveedores que no cobran por su trabajo. El señor Fernando Martín sigue siendo millonario y luciendo palmito en la Copa Davis mientras la gente que le ha comprado una casa paga una hipoteca por una vivienda que no tiene. Ese es el sistema liberal también, un mole en el que los ricos no pierden, como mucho dejan de ganar, porque no tienen responsabilidad subsidiaria, porque declaran una suspensión de pagos, se trocea la empresa y sanseacabó. La pregunta es ¿hay otro sistema posible? Viendo en lo que se convirtió el comunismo, su gran alternativa, uno se queda con dudas. En mi opinión se nos han vendido dos sistemas opuestos cuando lo mejor es uno mixto. No hace falta privatizarlo todo y no todo tiene que ser público. Para eso deberían estar los gobiernos, para discernir el modelo ideal, elequilibrio entre una economía que debe funcionar de forma autónoma y unos ciudadanos que merecen ver salvaguardados sus derechos. Si eso no ocurre, si nadie pide responsabilidades, el señor Martín y los que son como él seguirán veraneando en su yate pese a que haya dejado sin trabajo a cientos de personas y sin casa a miles. En otras épocas a un figura como éste le habrían decapitado. Ni una cosa ni otra. Libertad y control. Ese es el equilibrio.

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  2. Bueno realmente yo no sabría por donde empezar. Soy liberal (no conservador). Cualquiera de los de mi calaña – por cierto, en mi caso no puede haber sospechas de enriquecimiento “inmoral” o algo parecido, soy tan pobre que ni hago la renta – sabe que tiene que aguantar que cuando la economía va mal se le echa la culpa al mercado. Podría decir que la mayoría de liberales no consideran que E.E.U.U. tenga un auténtico sistema de mercado libre, pero voy más allá, realmente nunca ha habido un liberalismo auténtico, en ningún país. ¿Es imposible? Bueno, ningún sistema político de partidos lo permitiría. Las políticas sociales significan más votos. Ahí están, o no es verdad, los cientos de euros que Zapatero prometió a cada “español”. El afán de poder de unos cuantos impide que cada uno de nosotros gestionemos lo duramente ganado mes a mes por nosotros mismos. Se le supone al liberalismo una perversión moral que no sé porque ni se atisba en los monopolistas de la violencia. En el mundo anglosajón a las empresas se les llama compañías. ¿Por qué? Porque en el mercado se busca la asociación con los demás para llegar a algo. El liberalismo no es realmente un sistema individualista sino más bien lo contrario. Esto no impide que asuma que el hombre busque su beneficio. Me regodeo viendo a tantos jóvenes pidiendo el cobijo estatal. Esa es nuestra cultura. Pero el empresario es malo, egoísta. Los políticos son altruistas y desinteresados. Pasarán las décadas y el ser humanos seguirá pensando que alguien debe “controlar” todo esto. Muchos han hablado ya del miedo a la libertad. Creo que será difícil llegar a la situación ideal. El mundo no es como nos lo contaron en las fábulas. Hay empresas que quiebran, gente que lo supo hacer y se hizo rica, cabrones que no respetaron las reglas y merecen castigo. Yo asumo que esto es así. Mientras tanto me gustaría no tener que pagar impuestos (sacrilegio!). ¿Por qué se me supone un ser tan despreciable que no “invertiría” en obras de caridad? ¿Por qué hay hombres ahí arriba que saben mejor que yo lo que tengo que hacer con mi dinero? No me lo creo, lo siento. El “vil” dinero, por ciero, es uno de los mayores inventos de la humanidad. Fue la única manera que tuvo la sociedad (una vez que el número de humanos aumentó tanto) de prosperar. Además se basa en algo tan increíble como la confianza. Si. Te doy este pollo a cambio de ese papel arrugado. Alguien confiará después en el mismo papel para que adquiera post-its. Pero sin embargo parece que algunos hablan del dinero como si nos lo hubiera entregado lucifer. Simplemente pienso en alto. Confiar en el mercado es confiar en la gente. Esto no impide que al menos yo (a pesar de fardar por las noches de anarco capitalista) conciba un estado mínimo acordado por todos (si, democracia, claro) que castigue a quien se salte las reglas. Pero no le quitemos a la sociedad el beneficio de la duda. El intervencionismo trae más intervencionismo. En un sistema de mercado esas inmobiliarias hubieran caído, si. Con todas sus consecuencias. Es el estado el que ha elegido destinar, a su total arbitrio, el dinero público hasta ellas. Cierran empresas todos los días. En el mercado, eso está claro, importa el mérito, haberlo hecho bien. El hecho de que se salve a empresas deficitarias va en contra de las reglas. Pero eso es culpa del gobierno. ¿Cuántos textos liberales conoces? Aquí va uno:Todos somos liberalespor Mario Vargas LlosaLa palabra de moda es liberal. Pasa con ella lo que, en los sesenta, con las palabra socialista y social, a las que todos los políticos y los intelectuales se arrimaban, pues, lejos de ellas, se sentían en la condición de dinosaurios ideológicos. El resultado fue que corno todos eran socialistas o, por lo menos, sociales —socialdemócratas, social cristianos, social progresistas— aquellas palabras se cargaron de imprecisión. Representaban tal mezcolanza de ideas, actitudes y porqués que dejaron de tener una significación precisa y se volvieron estereotipos que adornaban las solapas oportunistas de gentes y partidos empeñados en “no perder el tren de la historia” (según la metáfora ferrocarrilera de Trotsky).Ahora todos somos liberales. Lo que equivale a nadie es liberal. Para algunos, liberal y liberalismo tienen una exclusiva connotación económica y se asocian a la idea del mercado y la competencia. Para otros es una manera educada de decir conservador, e incluso troglodita. Muchos no tienen la menor sospecha de lo que se trata, pero comprenden, eso sí, que son palabras de fogosa actualidad política, que hay, por tanto, que emplear (exactamente como en los cincuenta había que hablar de compromiso; en los sesenta, de alineación; en los setenta, de estructura, y en los ochenta de perestroika).Si uno quiere ser entendido cada vez que emplea los vocablos liberal y liberalismo conviene que los acompañe de un predicado especificando qué pretende decir al decirlos. Ello es necesario para salir al fin del embrollo político-lingüístico en el que hemos vivido gran parte de nuestra vida independiente.Las primeras lecciones de liberalismo yo las recibí de mi abuelita Carmen y mi tía abuela Elvira, con quienes pasé mi infancia. Cuando ellas decían de alguien que era un liberal, lo decían con un retintín de alarma y de admonición. Querían decir con ello que esa persona era demasiado flexible en cuestiones de religión y de moral, alguien que, por ejemplo encontraba lo más normal del mundo divorciarse y recasarse, leer las novelas de Vargas Vila y hasta declararse libre pensador. La suya era una versión más restringida, latinoamericana y decimonónica de lo que es un liberal. Porque los liberales del siglo XIX, en América Latina, fueron individuos y partidos que se enfrentaban a los llamados conservadores en nombre del laicismo. Combatían la religión de Estado y querían restringir el poder político y a veces económico de la Iglesia, en nombre de un abanico de mentores Ideológicos —desde Rosseau y Montesquieu hasta los jacobinos— y enarbolaban las banderas de la libertad de pensamiento y de creencia, de la cultura laica, contra el dogmatismo y el oscurantismo de la ortodoxia religiosa.Hoy podemos damos cuenta que, en esa batalla de casi un siglo, tanto liberales como conservadores quedaron entrampados en un conflicto monotemático excéntrico a los grandes problemas: ser adversarios o defensores de la religión católica Así contribuyeron decisivamente a desnaturalizar las palabras, las doctrinas y valores implícitos a ellas con que vestía sus acciones políticas.En muchos casos excluido el tema de la religión, conservadores y liberales (latinoamericanos) fueron índiferenciables en todo lo demás y, principalmente, en sus políticas económicas, la organización del Estado, la naturaleza de las instituciones y la centralización del poder (que ambos fortalecieron de manera sistemática siempre). Por eso, aunque en esas guerras interminables, en ciertos países ganaron los unos y en otros los otros, el resultado fue más o menos similar: un gran fracaso nacional. En Colombia, los conservadores derrotaron a los liberales. Y en Venezuela estos a aquellos y eso significó que la Iglesia católica ha tenido en este último país menos influencia política y social que en aquél. Pero en todo lo demás, el resultado no produjo mayores beneficios sociales ni económicos ni a unos ni a otros, cuyo atraso y empobrecimiento fueron muy semejantes (hasta la explotación del petróleo en Venezuela, claro está).Y la razón de ello es que los liberales y conservadores latinoamericanos fueron ambos tenaces practicantes de esa versión arcaica —la oligárquica y mercantilista— del capitalismo, a la que, precisamente, la gran revolución liberal europea transformó de raíz. Al extremo de que, en muchos países, como el Perú, fueron los conservadores, no los liberales, quienes dieron las medidas de mayor apertura y libertad, en tanto que en la economía estos practicaron el intervencionismo y el estatismo.Lo cierto es que el pensamiento liberal estuvo siempre contra el dogma —contra todos los dogmas, incluido el dogmatismo de ciertos liberales— pero no contra la religión católica ni ninguna otra y que más bien la gran mayoría de filósofos y pensadores del liberalismo fueron y son creyentes y practicantes de alguna religión. Pero si se opusieron siempre a que, identificada con el Estado, la religión se volviera obligatoria: es decir, que se privara al ciudadano de aquello que para el liberalismo es el más preciado bien: la libre elección. Ella está en la raíz del pensamiento liberal, así como el individualismo, la defensa del Individuo singular de ese espacio autónomo de la persona para decidir sus actos y creencias que se llama soberanía, contra los abusos y vejámenes que pueda sufrir de parte de otros individuos o de parte del Estado, monstruo abstracto al que el liberalismo, premonitoriamente, desde el siglo XVIII señaló como el gran enemigo potencial de la libertad humana al que era imperioso limitar en todas sus Instancias para que no se convirtiera en un Moloch devorador de las energías y movimientos de cada ciudadano.Si la preocupación respecto al dogmatismo religioso ha quedado anticuada desde una perspectiva latinoamericana, en la que un laicismo que no dice su nombre avanza a grandes zancadas desde hace décadas, la crítica del Estado grande como fuente de injusticia e ineficiencla de la doctrina liberal tiene en nuestros países vigencia dramática. Unos más, unos menos, todos padecen un gigantismo estatal del que han sido tan responsables nuestros llamados liberales como los conservadores. todos contribuyeron a hacerlo crecer, extendiendo sus funciones y atribuciones, cada vez que llegaban al gobierno, porque, de ese modo, pagaban a su clientela, podían distribuir prebendas y privilegios, y, en una palabra, acumulaban más poder.De ese fenómeno han resultado muchas de las trabas para la modernización de América Latina: el reglamentarismo asfixiante, esa cultura del trámite que distrae esfuerzos e inventivas que deberían volcarse en crear y producir, la inflación burocrática que ha convertido a nuestras instituciones en paquidermos ineficientes y a menudo corrompidos; esos vastos sectores públicos expropiados a la sociedad civil y preservados de la competencia, que drenan inmensos recursos a la sociedad, pues sobreviven gracias a cuantiosos subsidios y son el origen del crónico déficit fiscal y su correlato: la Inflación.El liberalismo está contra todo eso, pero no está contra el Estado, y en eso se diferencia del anarquismo, que quisiera acabar con aquél. Por el contrario, los liberales que no sólo aspiran a que sobrevivan los estados sino a que ellos sean Io que precisamente no son en América Latina: fuertes, capaces de hacer cumplir las leyes y de prestar aquellos servicios, como administrar Justicia y preservar el orden público, que les son inherentes. Porque existe una verdad poco menos que axiomática —muy difícil de entender en países de tradición centralista y mercantilista: que mientras más grande es el Estado, es más débil, más corrupto y menos eficaz.Es lo que pasa entre nosotros. El Estado se ha arrogado toda clase de tareas, muchas de las cuales estarían mejor en manos particulares, como crear riqueza o proveer seguridad social. Para ello ha tenido que establecer monopolios y controles que desalientan la iniciativa creadora del individuo y desplazan el eje de la vida económica del productor al funcionario, alguien que, dando autorizaciones y firmando decretos, enriquece, arruina o mantiene estancadas a las empresas. Este sistema enerva la creación de riqueza, pues lleva al empresario a concentrar sus esfuerzos en obtener prebendas de poder político, a corromperlo o aliarse con él, en vez de servir al consumidor. Pero además, el mercantilismo provoca una progresiva pérdida de legitimidad de ese Estado al que el grueso de la población percibe como una fuente continua de discriminación o Injusticia.Este es el motivo de la creciente informalización de la vida y de la economía que experimentan todos nuestros países. Si la legalidad se convierte en una maquinaria para beneficiar a unos y discriminar a otros. Si solo el poder económico o el político garantizan el acceso al mercado formal, es lógico que quienes no tienen ni uno ni otro trabajen al margen de las leyes y produzcan y comercien fuera de ese exclusivo club de privilegiados que es el orden legal. Las economías Informales parecieron durante mucho tiempo un problema No lo son, sino, más bien, una solución primitiva y salvaje, pero una solución, al verdadero problema; el mercantilismo, esa forma atrofiada del capitalismo, resultante del sobredimensionamiento estatal. Esas economías informales son la primera forma —y es significativo que sean una creación de los marginados y pobres— aparecida en nuestros países de una economía de libre competencia y de un capitalismo popular.Este es el más arduo reto de la opción liberal: adelgazar drásticamente al Estado, ya que ésta es la más rápida manera de tecnificarlo y de moralizarlo. No solo se trata de privatizar las empresas públicas devolviéndolas a la sociedad civil; de poner fin al reglamentarismo kafkiano y a los controles paralizantes y al régimen de subsidios y de concesiones monopólicas y, en una palabra, de crear economías de mercado de reglas claras y equitativas, en las que el éxito y el fracaso no dependen del burócrata, sino del consumidor. Se trata, sobre todo, de desestatizar unas mentalidades acostumbradas por la práctica de siglos —pues esta tradición se remonta hasta los Imperios prehispánicos colectivistas en los que el individuo era una sumisa función en el engranaje Inalterable de la sociedad— a esperar de algo o de alguien —el emperador, el rey, el caudillo o el gobierno— la solución de sus problemas, una solución que tuvo siempre la forma de la dádiva.Sin esa desestatización de la cultura y la psicología, el liberalismo será letra muerta.

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  3. Creo que no contradecís mi texto ni el mío contradice los vuestros. Estamos más o menos de acuerdo en que no tiene que ser necesariamente malo un libremercado. Pero mis críticas se centran en quienes lo han defendido a capa y espada haciendo beneficio de él, y cuando han llegado los problemas piden un paréntesis a su filosofía, demostrando cuál es su único valor en esta vida: ser rico.Se puede disertar y debatir sobre el funcionamiento del sistema, como lo hace el texto de Vargas Llosa, pero lo que me parece menos discutible es la poca vergüenza de quien ha renegado ahora de ‘su’ sistema porque la cosa iba mal. Y si el Estado interviene no crontadice su filosofía, al menos no un Gobierno que se dice socialista. ¿Por qué entonces es su culpa? La culpa ha sido de los codiciosos defensores del libremercado que han reventado su propio sistema.

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  4. Anónimo dijo:

    El libre mercado ganó al comunismo, sí, pero no ha sido un ganador justo. Al estilo de “Un mundo feliz” cada día nos vamos acercando más a esa utopía del Gran Hermano, El Estado. Y ojo! que ni soy capitalista ni me gusta la patraña del liberalismo (porque sí, es una mentira, y no piadosa).No quiero callarme sin dejar mi impronta: A mí lo que me parece muy grave, lo que todo el que tendría algo que decir omite, es a donde a ido a parar todo ese dinero de nuestras hipotecas, de nuestros créditos y préstamos… A dónde? O para ser más riguroso, a qué banco y a que bolsillo. Imagino que el dinero siempre persigue a su amo, y salga de dónde salga, siempre retorna a él.Quiero ser claro, así que ahí va mi reflexión: El principal problema que subyace a la “crisis económica” actual es el desigual reparto de la riqueza que se ha generado. Mientras los bancos de crédito se inventaban el dinero de nuestra hipotecas, préstamos y líneas de crédito; mientras los Bancos Centrales bajaban los tipos de interés, para fomentar el consumo, los salarios, los salarios de los curritos, no han participado del banquete. Todos han engordado su cartera menos el que más tenía que hacerlo, el paisano que tiene que comprar para mantener la economía.La consecuencia es evidente, han creado una deuda que no podemos pagar.Pero, si todo ese dinero está en el mercado, esa riqueza es tangible (al menos en billetes contantes y sonantes), cómo no vamos a poder pagar la deuda. Pues así son las cosas de la avaricia y del saco, el dinero que deberían haber repartido entre los asalariados medios se lo han malgastado nuestro querido amos, la patronal empresaria (que ahora pide pagar sus culpas con tres padrenuestros y dos avemarías, pero ni un céntimo).Bueno bueno, puestos a divagar, que esto me pone, vamos a ver quien ha ganado y quien ha perdido en El Golpe de nuestra globalizada economía. Así, de pronto, apuesto a que han ganado los bancos comerciales y su papa, el Sr. Banco Central, porque como ya dijimos, el dinero vuelve a lamer los pies de su amo, el Sr. Banquero, que para eso se lo inventa (veremos las cuentas de resultados de este ejercicio). Pero veamos quien ha perdido; por obvio, empiezo por tú y yo y otros tantos como nosotros, que nos han convertido en esclavos del sistema, que nos hicieron creer que con mil euros te podías ir de viaje después de comprate una casa en el centro de la ciudad, e ir al trabajo en un flamante audi. También han perdido los grandes y medianos inversores sin escrúpulos (“ciudadanos” por encima de la media) que se han ido con sus “ahorros” a financiar la bolsa y a sociedades de inversión (por ejemplo Lehman Brothers). También se quedaron a las puertas de la excelencia empresarial las empresas que aseguraban el beneficio de las primeras, pobres pardillos (por ejemplo AIG, una gran reaseguradora).Y ahora qué. Pues ajo y agua, que diría el castizo. Nos quedaremos viendo en la tele compras y fusiones de empresas, que vienen a ser una compra de saldos en rebajas. Los que tenían dinero y poder tendrán más, y los que no teníamos nada…pues eso…nada por cero, es nada.A lo mejor, sin ánimo de molestar a nadie, hubiese llegado con unos tipos de interés acordes a la realidad de la economía y una política de remuneración salarial acorde, de nuevo, a la realidad de la economía.A lo mejor, así, seríamos todos unos felices consumidores, que nos santiguaríamos todos los días ante el poder de la intervención divina (léase Estado).En fin, el dinero llama al dinero, ya lo decía el tonto de mi clase, que ahora conduce un flamante audi, azul.At your service Lt. VT.

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  5. Anónimo dijo:

    Bueno me gustaria comentar algunas cosas:En primer lugar todo el mundo se rasga las vestiduras porque el presidente de los empresarios sale en contra del libre mercado. No es tan raro sino que es lo lógico. Tiempo atrás un economista llamado Adam Smith (que no podremos acusar de socialista o comunista) ya avisaba sobre los amanes intervencionistas de los empresarios. Los empresarios siempre querrán controlar el mercado, algo que va en contra del liberalismo, basicamente porque sino controlan el mercado, el mercado les expulsa. También de ahí surgen los lobbys que dirigen los empresarios para favorecer sus intereses, así que los empresarios liberales, permitame que me ria.Luego, EEUU paradigma del liberalismo. Depende para qué. Y como ejemplo Freddie Mac y Fannie Mae. Esas empresas no son ni sociedades anónimas ni sociedades limitadas ni nada por el estilo. Son lo que se llaman GSE (Government Sponsored Enterprises), es decir, empresas patrocinadas por el gobierno. Fueron creadas por Roosevelt en los años 30 para solucionar la crisis de esos años (ironías del destino). Estas empresas su misión era dar hipótecas a personas que los bancos las rechazaban y respaldar a bancos que daban a personas con riesgo de impago porque claro si pasaba algo el Gobierno está por detrás. Por eso tuvieron que salir a su rescate. EEUU va de liberal, pero un país que gasta lo que gasta en su presupuesto federal no puede decir que es liberal porque entonces se está riendo de todos nosotros.Es decir, el liberalismo no ha fracasado, simplemente el capitalismo intervenido que tenemos, ha fracasado y vamos a solucionar el problema con más intervencionismo. Los políticos como siempre razonando de esta original manera. Para que el liberalismo fracase primero debe funcionar.

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  6. Anónimo dijo:

    Yo creo que lo mejor seria fomentar el mercado comunitario del trueque, algo que se considera obsoteto en el siglo XXI, en el que campesinos, , cooperativas, pequeñas y grandes empresas… intercambien bienes, servicios y productos.La idea es que participen todos, que se de un intercambio humanista y socialista.No se trata de eliminar el dinero pero si dar una salida para los que no tienen una nomina que les permita vivir con dignidad y tengan algo que ofrecer.Y una alternativa para empresarios que quieran mejorar su liquidez comprando sin pagar con dinero , lo que necesitan a cambio de sus productos o servicios.Un ejemplo de esto lo tenemos en el trueque de la firma Nike con el comite olimpico de EE.UU., con el cual la multinacional se comprometia a equipar a los medallistas a cambio de ser espónso del combinado olimpico.Cambio mi publicidad con lo mejor que tengo, mi producto.Teniendo acceso a la red cualquiera puede vender sus productos materiales o intelectuales.Cuidar niños a cambio de unas clases de ingles.Enviar productos alimenticios por gasoleo para calefación domestica. ( Acuerdo Argentina y Venezuela). Petrolelas Japon – China, (nippon Oil-CNPC china),acordarón el intercambiode sus respectivos productos a lo largo de un año, Te doy propileno y tu me das gas licuado de petroleo para propano de uso domestico.bueno no se, no soy economista ni nunca me intereso el mundo de las empresas, mi carrera se acerca mas a la filosofia y a veces me gusta filosofar. Besitos Maló

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  7. Alguien ha hablado por ahí de bancos, de préstamos, etc. Este es un tema bastante desconocido. El problema, aunque así de primeras de un poco de risa, es el patrón oro. Fue el Estado (de la mayoría de países excepto escasos ejemplos como Suiza) el que mediante LEYES cambió el panorama monetario. El dinero en su origen era simplemente un papel que representaba (y esto con matices, claro) la riqueza de su poseedor. A gran escala, el dinero de la gente representaba, estaba anclado, en las reservas de oro (sí, oro, así, en lingotes) que tenían los bancos. De aquí viene lo del patrón oro. Esto es un porcentaje que indica la correspondencia entre el dinero (en papel o metálico) y las reservas de oro. En momentos clave de la historia en los que hubo crisis y la gente comenzó a no gastar el Estado se dedicó a fabricar más dinero del, digamos, “legítimo”, para que no decayera el consumo. Es decir, dinero que no estaba anclado al oro. Esta era una medida érronea provocada por el terror de los estados a dichas crisis. A parte de generar desestabilización e inflacción (aumento desproporcionado de los precios) se reducía el patrón oro. En otro orden de cosas se confunde lo que los bancos hacen con nuestro dinero. La teoría tradicional dice que los depósitos a la vista, nuestras cuentas de ahorro, no deben ser utilizadas en préstamos por el banco. En este caso el banco solo guarda nuestro dinero y nosotros pagamos por ello, por su custodia. Hoy esto está olvidado. A grandes rasgos fue el problema del corralito argentino. El dinero de los depósitos a la vista se presta, aunque como el banco dispone de mucho efectivo, cada individuo suele disponer de su dinero. Es seguro que si todo un país nos dispusiéramos a sacar nuestro dinero del banco (el de nuestros depósitos a la vista) no habría suficiente efectivo. Yo no me explico muy bien pero en este artículo se habla de esto: http://www.libertaddigital.com/ilustracion_liberal/articulo.php/250 En otro orden de cosas: en una situación de libre mercado existe total libertad del individuo tanto para ahorrar como para gastar. Es importante la figura del acumulador de capital, si, del “avaro”. Históricamente quienes acumulaban riqueza eran los que daban créditos, siendo por tanto esenciales para quienes tenían buenas ideas pero no disponían de dinero. Aquí aparecen los intereses, relacionados con el precio del dinero (el dinero tiene un precio) y basados en el tiempo en que se dejaba de poseer ese capital. Es interesante como la iglesia católica en los principios criticaba a los prestamistas (primeros bancos?) por la “inmoralidad” que suponían los intereses. En fin, el funcionamiento del mercado es a menudo mal interpretado y se le acusa de numerosos males que en realidad suceden cuando es intervenido. La teoría liberal es la única explicación del mundo que no promulga una situación ideal, una panacea en la que todos seremos felices y viviremos en armonía. Simplemente tiene en cuenta que el mundo es un lugar difícil e intenta dar la solución más adecuada para que tal cantidad de humanos vivamos lo mejor posible. El liberalismo es el gran desconocido, aunque sea tan nombrado. En escuelas y universidades apenas se dan a conocer autores de este tipo. Uno de los defensores del liberalismo, Hayek, fue ganador de un premio nobel. Son buenísimos sus libros críticos con el nazismo y el socialismo. El que yo recomiendo es “Camino de Servidumbre”. Fascinante. Si alquien quiere puede conslutar aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Friedrich_Hayek Su oposición al “racionalismo constructivista” es apasionante, es dueño de una teoría muy sólida acerca de lo erróneo del dirigismo. Dejo un estracto del artículo de la wikipedia y para concluir y explicar un post tan largo, solo decir que es necesario al menos intentar conocer la economía y sus leyes para no caer en el tópico y la moralina. Orden espontáneo del mercado, la ley y la moral [editar]Según Hayek, las instituciones de la sociedad, como las leyes, los mercados o el gobierno, incluso el sistema de precios o el lenguaje, no eran un invento o diseño humano para responder a unas determinadas necesidades, sino que era fruto de un orden espontáneo que consideraba un resultado de la acción humana pero no de su diseño. Así, el ser humano, en un proceso de prueba y error, ha visto como ciertas acciones hechas de forma inconsciente le servían para cierta finalidad. Las acciones que sirven para algo perduran y su combinación también espontánea acaba dando lugar a instituciones humanas, que aparecen sin que el hombre se haya planteado deliberadamente su creación. Es por eso que defendía que no debían haber interferencias en la acción individual espontánea y consideraba que la idea del racionalismo de intentar diseñar conscientemente el mundo era una amenaza para la civilización, ya que esta precisamente había nacido a partir del orden espontáneo.Dicho de otro modo, Hayek concluirá que el surgimiento y desarrollo de las normas morales que permitieron el surgimiento y crecimiento de sociedades extensas fue producto de un azar evolutivo aún en curso, considerando entonces al orden espontáneo que permite tales sociedades inabarcable para la razón humana, no en el sentido de comprender su funcionamiento, sino en el controlar su dirección, por lo que rechazará todo racionalismo constructivista que pretenda guiar o rehacer racional y completamente tal evolución natural del orden social.Necesaria sería, para Hayek, la coexistencia de la primitiva moral colectivista propia de los grupos pequeños y muy cohesionados que perviven dentro de la sociedad extensa, con su contraria moral evolutiva individualista que garantiza el funcionamiento y crecimiento exitoso de la sociedad humana extensa. Como un intento de imponer la primera sobre la segunda definirá al socialismo, deduciendo de ello que la búsqueda de tal orden social expresaría una aspiración involutiva o retrograda y su consecución implicaría la imposibilidad de sustentar la numerosa población humana creciente.Sobre este tema podríamos destacar los libros “El orden sensorial” de 1952, libro psicológico donde defiende que la mente humana, igual que el mercado o la sociedad eran fenómenos tan complejos que no se pueden explicar o predecir su funcionamiento; “Derecho, legislación y libertad” que apareció en tres volúmenes en 1973, 1936 y 1979, donde trata sobre la aparición espontánea de las normas legales y morales, y “La fatal arrogancia” de 1988, donde atribuye el nacimiento de la civilización a la propiedad privada.

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