‘Te cogen seguro’

Era Rebeca. Una chica que yo conocía y que dejaba su puesto de trabajo. Su jefa le había pedido a alguien de confianza y con experiencia en el sector para que la sustituyera, así que Rebeca me llamó a mí. Y yo me puse muy contento, porque hacía meses que buscaba trabajo.
Me encantaron las condiciones que Rebeca me adelantó por teléfono: horarios, sueldo, el trabajo en sí, etcétera…Me dijo que cumplía el perfil, y que a la jefa le urgía mucho encontrar a alguien. Además, era imprescindible que fuera un conocido. El trabajo era prácticamente mío. ¡Qué contento estaba agarrado al teléfono!… Hasta la maldita frase de Rebeca.
No tanto la primera parte de la frase, “así que tranquilo porque te cogen seguro”, como lo que añadió después: “a no ser que hagas una auténtica barbaridad en la entrevista”. Y después risas, porque era el típico comentario de broma, claro. Y yo serio. ¿Por qué tuvo que decir esa frase?
Después de colgar, y durante toda la tarde, la frase resonaba en mi cabeza. “Te cogen seguro a no ser que hagas una auténtica barbaridad en la entrevista”. Sentado en el sofá de mi casa me repetía una y otra vez la frase. Pensaba en ella y después me reía intentando autotranquilizarme. “¿Qué barbaridad puedo hacer?”, me preguntaba en voz alta. Ninguna joder. No voy a hacer ninguna barbaridad. Qué coño voy a hacer. Por qué la iba a hacer. Qué me pasa. Era sólo el típico comentario, la típica broma, sólo eso…. Así toda la tarde. Joder me estaba volviendo loco. 
Era un simple trámite. Una entrevista de trabajo de puro trámite. Tenía que ir allí, charlar un rato y al día siguiente, comenzaría a trabajar. Pero no. Rebeca, maldita puta, tuvo que decir esa maldita frase. ¿Por quién me toma? ¿Por un perturbado? ¿Qué coño se supone que podría hacer para cagarla? Nada. Sólo voy a ir allí y charlar un rato. Entonces, ¿por qué añade lo de, “a no ser que haga alguna barbaridad”? Joder es sólo una broma. Se echó a reír después. Claro coño, es sólo una broma. Intenta tranquilizarte. Irás allí, harás la entrevista de trabajo muy bien, y listo. Duérmete ya. Pero no me dormía. No me dormí en toda la noche. Me venían a la mente terribles imágenes: yo cruzándole la cara a la jefa, así, sin más. En plena entrevista. Bofetón.
Después me veía subido a la silla, imitando a un chimpancé, gritando como un auténtico retrasado mental mientras tiraba el flexo de la mesa de un manotazo. O babándome. Me imagine varias veces babándome. O tartamudeando. O insultándola muy rápido: “Verá, para este puesto sólo pedimos versatilidad, no es necesario que maneje Excell ni el resto de… Puta. ¿Cómo dice? ¿Perdone? Me había oído pero, sencillamente, no se lo podía creer. ¿Y por qué le iba a llamar yo puta? Dios, ¿por qué iba a hacer yo nada de todas esas absolutas locuras?
Eran las ocho de la mañana. No había pegado ojo. En la ducha me noté más tranquilo. Comprendí que mis extraños pensamientos eran fruto de la tensión, de los nervios. Llevaba demasiado tiempo esperando este momento, así que mi mente me jugó una mala pasada. Sólo eso. Cuando salí de casa estaba completamente tranquilo. Cuerdo, sereno. Qué bien. Haría una entrevista impecable. El puesto era mío.
Me presentaron a la jefa. Julia se llamaba, la pobre. Nos sentamos en un pequeño despacho con una pequeña mesa redonda. Ella enfrente de mí, con mi currículum entre sus manos. Me ofreció un vaso de agua y ella se puso otro. Esos vasos de plástico cutre que se llenan en las oficinas con esas máquinas que bombean agua. Charlamos. Mis contestaciones, tranquilas y pausadas. Todo iba bien. Maldito vaso de agua. ¿Qué? ¿Por qué me molestaba ese vaso de agua? Le hablo de mi experiencia. Creo que le agrada mi currículum, le tranquiliza. No. No, maldita sea. No pienso tirarle el vaso de agua a la cara. Sí claro, estoy con muchísimas ganas de trabajar y con disponibilidad absoluta. Creo que verme así de motivado también le gusta, acaba de sonreír. No sé si sonreiría tanto con la cara empapada en agua. Dios, qué estoy diciendo. No joder. ¿Por qué cojones quiero tirarle el vaso de agua a la cara? No, por favor, no… Sí, las condiciones me gustan, y el horario es muy flexible. Le sonrío yo también. Deja de mirar el vaso. Bébetelo. Eso. Sí. Bébetelo y adiós tentaciones. Estoy sudando. ¿Perdón? Es la segunda pregunta que le hago repetir. No estoy bien. Mierda. Puta. ¿Hacerme autónomo? Ningún problema. Se lo voy a tirar. Necesito tirárselo. Dios cómo sudo. Sí vivo, cerca. A tres paradas de metro, así que mejor imposible. Es ya irrevocable. Es superior a mí. ¿Cómo? ¿Que si estoy bien? Sí, ¿por? Bien vas a estar tú ahora, cabrona…
Sí. Se lo tiré. En toda la cara. Aún no sé porqué. Pero fue un alivio tremendo. 
Me echó a gritos, claro. 
“A no ser que hagas una auténtica barbaridad”. Maldita Rebeca…
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‘Te cogen seguro’

4 comentarios en “‘Te cogen seguro’

  1. Anónimo dijo:

    Espero que tengas una”buena causa” como nos dices para tal abandono.!que laaaarga se presenta esta semana sin poderte leer!.Hasta entonces,buena suerte amigo.

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  2. Madre mía… esas situaciones reciben el nombre de “sensaciones de vértigo”. Ej: Cocina caliente que tienes que tocar, vas en moto y tu pie debe sentir el asfalto rozando el suelo con los pies, huele mal y debes oler, pinta bien y debes fastidiarla!

    Un abrazo Nacho

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