Olvídalo ¿quieres?

El presidente de Nuevas Generaciones, Nacho Uriarte, me cuenta que anhela y espera ansioso el día en el que los jóvenes de España decidan poner punto y final a las viejas rencillas, decidan olvidar para siempre el pasado y mirar hacia delante sin rencores ni antiguas disputas. Ése es su anhelo. El dejar atrás para siempre lo ocurrido y construir el futuro unidos, mirando hacia delante. Muy bonitos los deseos. Muy loable y lógico animar a la gente a que olvide sus rencores, a que no se aferren a disputas caducadas. No puedo estar más de acuerdo. De nada sirven, nada aportan.

Pero de ahí a sellar y tirar al fondo del mar el pasado, hay un trecho importante. Una cosa es dejar de considerar y hasta perdonar para poder seguir avanzando en un ejercicio de solidaridad común, y otra bien distinta es intentar convencer a alguien que deje de mirar atrás y mire sólo hacia delante. Es insultante.

Con las palabras aún frescas de Nacho Uriarte en mi memoria, tengo la honra de escuchar a Juan, un chico argentino cuya vida sencillamente no existiría si los deseos del joven diputado español se hicieran realidad. Juan también es diputado, en Argentina. Cuando en 1976 estalló el levantamiento militar en su país, además de miles de asesinados, torturados y encarcelados, hubo miles de ‘robados’. Miles de bebés, como Juan, fueron arrebatados a sus familias por los militares, que los criaron y educaron, que se apropiaron de ellos como un nuevo hijo adquirido a la fuerza. De todas las cosas terribles que sucedieron en las cruenta dictadura argentina, ésta es la que más me encoge el estómago. Juan creció y se formó bajo el cobijo de una familia que no era la suya, sin sospecharlo. Sus verdaderos padres y abuelos no volvieron a saber nada de él. Se convirtió en uno de los miles de desaparecidos que las Madres y Abuelas de Mayo todavía esperan en el país argentino. Unas madres a las que les arrebataron los niños y jamás volvieron a saber nada de ellos. O lo que es peor, saben que las familias de quienes han sido sus tiranos, los están criando.

Juan comienza a sospechar a los 17 años. Algo falla. No tiene nada en común con sus ‘padres’. A su ‘hermana’ le hacen mucho más caso. Se lo niega a sí mismo, al principio. Después se lo pregunta a su apropiadora, como él define hoy a su falsa madre. Lo niega también. Pero no se quita la idea de la cabeza. Tampoco tiene nada que ver físicamente con ellos. Algo pasa… Las Madres de Mayo le hacen un test genético gratuito cuando por fin Juan da el dificultosísimo paso. El paso de poner a prueba la autenticidad de su vida entera. Tal vez, en una situación como la de Juan, es mejor olvidar las sospechas, aún sabiendo que puede que la paranoia sea verdad. Seguir adelante, no mirar atrás y decidir aceptar tu vida así, aunque intuyas que todo es una gran mentira. Pero la sospecha come y muerde por dentro, es demasiado doloroso. Finalmente, Juan, como todos, es incapaz de olvidar, por más que lo haya intentado. Y da el paso. Los resultados no sólo le revelan que sus apropiadores no son sus verdaderos padres, sino que, directamente, le dan el nombre y apellidos de sus verdaderos padres y abuelos. La conmoción es tremenda. Su vida es falsa. Su educación, sus recuerdos, su nombre, su apellido, el amor que ha dado… Todo es una apropiación indebida de los militares que lo han robado.

Al primero que ve y abraza es a su abuelo. Después al resto. Sus padres, directamente, no lo pueden creer. El bebé que les robaron… Juan absorbe su verdadero nombre desde el primer instante. Absorbe su nueva vida borrando de un plumazo todo el amor que dio al destinatario equivocado. Quiere rehacer su vida desde ya y no dejar impunes a quienes le han convertido en una mentira humana.

Pero una Ley argentina, llamada Ley del Punto Final, impide que se castigue a sus apropiadores. Esta Ley de Punto Final es la ley que anhela Nacho Uriarte. Cierra con una llave el pasado, y obliga a mirar sólo hacia delante. Es, según algunos, la manera de deshacerse de los lastres que impiden avanzar y progresar. Olvidando el pasado.

No sé qué opinará Juan.

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Olvídalo ¿quieres?

4 comentarios en “Olvídalo ¿quieres?

  1. Anónimo dijo:

    ¡Olvidar! ¿Dejar de mirar hacia atrás? Que dificil resulta cicatrizar las horribles heridas que dejan huella los avatares de la vida. Creo que tu exposición de cómo no se debe solo mirar hacia delante, está plasmada en al vida de Juan. ¿Y ahora no tendrá que mirar hacia atrás en esta nueva vida?Creo que se pueden compaginar ambas posiciones si interviene el perdón sincero .Que así seaEnhorabuena por hacernos mejoresNITRAM

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  2. Anónimo dijo:

    Detecto una simpatía hacia Nacho Uriarte en tus palabras que nada tiene que ver con la imagen que tenía de ti. ¿Acaso compartes la visión de ese pijo de pelos largos?Fdo: El Jabalí de Tora Bora

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  3. Anónimo dijo:

    Estimado Nacho, en primer lugar agradecerte el tono y el buen gusto en la elección de las palabras, que aunque muestren una diferencia esencial con las mías, no caen en ningún caso en la falta de educación que reina en algunos de los blogs de internet.Al referirme a no mirar atrás por supuesto que no estoy pensando que se puedan dejar impunes los delitos como los que haces referencia, todo lo contrario. De ahí, a alguna de las actuaciones que han llevado a cabo algunos partidos políticos en referencia a la memoria histórica considero qe existe una diferencia abismal. En cualquier caso, de nuevo gracias por tu análisis.Un saludo.Nacho UriartePresidente Nacional de NNGGignaciouriarte@diputado.congreso.es

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