Mitos y realidades

Hay datos que casi toda la sociedad maneja, y otros a los que cuesta un montón acceder. No sé quién decide esto, quiénes son los encargados de gritar a los cuatro vientos ciertos porcentajes y esconder en un rincón oscuro otros. En el fenómeno de la inmigración este contraste se da de una forma tan clara, que roza el esperpento. La división no es tan fácil. Tanto los datos que son manejados por la mayoría, como los que apenas conocen unos cuantos, son reales. El ‘quid’ de la cuestión es que los segundos, suelen matizar a los primeros, y les restan fuerza. Por eso se esconden (supongo).

¿Quién dictamina qué realidades se airean y cuáles no? Me imagino señores de chistera y puro, sentados en un gran despacho blanco, espacioso. Diciendo, esto sí, esto no. Decidiendo qué es lo que debemos conocer el común del rebaño. Ni siquiera les hace falta, a estos señores de chistera y puro, darnos las opiniones mascadas. Nos dejan jugar a pensar que tenemos opinión formada. Para ello sueltan los datos que sí se van a airear y esconden los otros. Después nosotros formamos opinión a partir de éstos y ellos sonríen al ver el panorama. De vez en cuando se agrieta algo, y un destello desvía la atención hacia esos otros porcentajes y números. Y sentimos que vencemos al sistema. Que sabemos cosas. Que a nosotros no nos van a engañar. Menudos somos nosotros, antisistemas nadando contracorriente. Se van a enterar, estos señores de chistera y puro.

En el fenómeno de la inmigración, repito, encontramos un buen ejemplo. No, no somos el país del mundo que más inmigrantes tenemos, somos el décimo, que no está nada mal, por cierto. Tampoco porcentualmente; nos siguen ganando varios, como Alemania o Estados Unidos. Lo que sí somos, sino los primeros, uno de los primeros países del mundo con mayor volumen de trabajadores extranjeros, superando en números absolutos a Francia y Reino Unido y en términos porcentuales a Estados Unidos y Alemania. Tener menor porcentaje de ciudadanos inmigrantes que Alemania y EEUU pero mayor porcentaje de trabajadores inmigrantes que estos dos países, es una buena muestra de qué es lo que vienen a hacer aquí los inmigrantes. ¿Por qué esa fama entonces de que España es un reclamo para la inmigración ilegal debido a nuestras leyes? ¿No serán nuestra cercanía, geográfica con África y cultural con Ibeormárica, las razones de estas llegadas?

El 60% de los inmigrantes que llegan a España provienen de países poco desarrollados. La mayoría de ellos de Marruecos, Ecuador, Colombia, Bolivia, Argentina, Perú y China. Un 14% de Bulgaria y Rumanía. Sólo un 2% llegan de países tan o más desarrollados que España. Es decir, los que vienen, vienen por necesidad. Porque en sus países no tienen nada. Una política de fronteras restrictiva obliga a muchos de los que vienen a sobrevivir en situación ‘ilegal’, es decir, sin permiso de residencia o sin permiso de trabajo. La regularización automática de extranjeros documentados (con algunos de los dos permisos antes mencionados) hizo descender en 957.000 personas el número de irregulares, que comenzaron a cotizar a la Seguridad Social y a trabajar. Es decir, a integrarse. Si las regularizaciones no existieran, estas personas seguirían viniendo igual, aunque tuvieran que vivir como ilegales, es decir, sin integrase. No tienen casi nada que perder, España está cerca. Si su país estuviera bien (parte de esta responsabilidad le toca a España como parte de Europa que es y como parte por ende de Occidente) no tendrían interés en venir aquí como no lo tienen el 98% de los habitantes de Occidente. Mientras sigamos consintiendo que la otra mitad del mundo se pudra, tendremos que seguir aceptando que quieran venir a jugar a nuestro lado del patio, ¿no?

Los datos en crecimiento económico son apabullantes. Los inmigrantes aportaron el 30% (que se dice pronto) del PIB español entre 1995 y 2005. Casi el 50% del empleo creado en los últimos cinco años les corresponde. En 2005, su aportación generó superávit para los presupuestos públicos, algo que no se veía por estos lares desde el año de mari castaña. Su ayuda es nuestra ayuda. Su integración laboral, además de hacer crecer la economía española, les permitió enviar en 2007, 8.135 millones de euros a sus parientes, haciéndoles contribuir al desarrollo de sus países de origen. Esta cantidad supone el 0,8% del PIB español, superando al tan manido 0,7% que exigen muchas voces.

Además, la inmigración ha proporcionado una oferta abundante en sectores que antes eran deficitarios en mano de obra (sobre todo servicio doméstico, tener ‘chica’, y agrícola). Ha impulsado sectores que siquiera se acercarían al desarrollo que han tenido si no fuera por la inmigración, como hostelería, construcción o transporte. La otra cara de la moneda es cómo las empresas se han aprovechado de esta mano de obra para hacer trabajar más por menos a quien no tiene otra opción, creando una onda expansiva que ha afectado a la dignidad laboral de todos. Pero la culpa de esto, me temo, no es de los inmigrantes.

Los niños también aportan. 608.000 menores inmigrantes matriculados en el curso 2006-07 han suplido sólo parcialmente el enorme descenso (casi un millón y medio) de alumnos españoles en los últimos quince años, originados por la caída de la natalidad. Y es que la inmigración explica el 77% del crecimiento de la población total de España entre 1998 y 2007. Su incidencia en el incremento demográfico español se sitúa por encima del 80%. La baja tasa de natalidad de los españoles, unida a la juventud de los nuevos ciudadanos, explica que el 12% de los nacimientos de 2005 fueran de madre y padre extranjeros. Y esto es una tendencia en uno de los países europeos con menos densidad de población. Si no fuera por estos datos, iríamos camino de ser un país de ‘viejunos’.

La seguridad ciudadana alberga las mayores discusiones y polémicas que giran en torno a la inmigración. Sin embargo existe una realidad poco conocida pero aplastante: mientras se incrementaba la inmigración en los últimos años se reducía el número de delitos por habitante. La presentación habitual de las cifras de detenidos y presos extranjeros confunde o tergiversa la realidad. A la inmigración, desde hace años, se le atribuye un incremento de la inseguridad ciudadana. Pero según los datos oficiales del Ministerio del Interior, el número de delitos por habitante en España ha descendido un 22,7% entre 2002 y 2006, años en los que la inmigración ha crecido un 86,5%. La dinámica real no coincide con las percepciones sociales. Las estadísticas de presos extranjeros incluyen a los preventivos (sin sentencia dictada) y a los turistas y extranjeros de paso. Sin contar ambos grupos, la proporción de inmigrantes detenidos se reduce más de la mitad y alcanza una tasa muy próxima a su peso poblacional.

Ante todos estos datos la respuesta de los españoles es la de crecimiento de la intolerancia. Si bien el 70% de los españoles es partidario de una integración plena de los inmigrantes, quienes los rechazan o muestran posiciones intolerantes que rozan la xenofobia, ha crecido desde el 10% del año 2000, hasta el 30% de este año. Aquel año el porcentaje de extranjeros en España no llegaba al 3%. El problema, pues, parece el paisaje urbano. Un cambio brusco y repentino, unido una absoluta falta de educación multicultural en el español medio, que sigue viendo otras culturas como un marco exótico al que hacerle fotos, ha generado recelo en muchos segmentos de la sociedad. Segmentos que, aunque la inmigración no les haya cambiado la vida los más mínimo (sólo ver más negros o moros en la calle) forman sus opiniones a partir de los datos que los señores de chistera y puro en un despacho blanco y grande les hacen llegar.

Bibliografía: Ministerio de Interior. Colectivo Ioé. Informe 2008 de la Confederación Española de Cajas de Ahorros. Estudio FUNCAS 2008.

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2 comentarios en “Mitos y realidades

  1. Anónimo dijo:

    El miedo a la inmigración no es más que un mal de ignorantes que jamas han viajado y que temen lo que no conocen. Los hijos de esos españoles no tendrán esos problemas, espero, ya que habrán nacido, crecido y vivido junto a hijos de extranjeros. La inmigración tiene sus cosas malas, está claro, igual que los españoles tenemos nuestras cosas malas. Mira Aznar, ese no ha venido de Marruecos.Fdo: El Jabalí de Tora Bora

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