Crueldad infinita

“El fútbol es un deporte de once contra once en el que siempre ganan los alemanes”. Gary Lineker. Delantero inglés.

El fútbol. Una vez más, escenario representativo de la vida. Ni más ni menos. Tal vez no sea el mejor, ni siquiera es el único, hay otros mucho escenarios representativos de la vida. Pero, en lo que a mi respecta, es uno de los más claros. El jueves tocaba crueldad. Crueldad infinita.

Getafe contra Bayern de Munich. Partido de vuelta de los cuartos de final de la UEFA. En la ida, en el estadio alemán, el Getafe, equipo de una ciudad dormitorio de Madrid de 160.000 habitantes, empató a uno gracias a un gol en el tramo final del partido. Lo celebraron por todo lo alto las 700 personas con camisetas del Getafe que se desplazaron hasta Munich, capital de la región alemana de Baviera de 1.400.000 habitantes. En el partido de vuelta al ‘Geta’, nombre por el que es conocido el equipo, le bastaba aguantar el empate a cero.

Antes del encuentro las calles de Getafe se llenan de animados hinchas que desbocan euforia ante la histórica cita. ¿Quién le iba a decir a un equipo que hace pocos años estaba en ‘Segunda B’, que recibiría al mismísimo Bayern? Sólo este hecho es suficiente para que Getafe pase una de las tardes más divertidas y descontroladas que recuerda. Alegría, cerveza, cánticos, risas… conozco la sensación. Es muy placentera.

El escenario para la representación ya está listo. Con todos ustedes, La Crueldad. Acto Primero:

Comienza el partido. Los gritos llenos de adrenalina invaden el pequeño campo getafense. Está pasando. Están jugando unos cuartos de final, y contra el Bayern, un rival temible. Un grande de Europa. Un fiero e incansable enemigo con sed de títulos. Con historia centenaria y con centenares de campeones en el recuerdo. Lleno de tradición en la vieja Europa del fútbol. Una tradición que se expande como una enorme sombra y asfixia al humilde equipo azul, fundado en 1983, con apenas un puñado de seguidores fieles. En la grada, el corazón golpea el pecho. Algunos ni siquiera pueden sentarse en la butaca. Minuto cinco: De la Red, uno de los jugadores más importantes del equipo madrileño, se va a la calle. Expulsado. Media hora después, Uche, el delantero getafense, se lesiona. Más problemas. El campo de batalla exige, desde ya, la épica.

La crueldad. Acto Segundo.

El Bayern lo tiene todo de cara. Un rival inferior, en ánimo y en número de jugadores. Las ocasiones de gol se suceden para los alemanes: al palo. Fallo incomprensible. Gol. No, anulado. Otro más. También anulado. Dios mío. Es una apisonadora. Los van a aplastar… Pero el Getafe aguanta. Aguantan los guerreros azules contra la maquinaria alemana. No sólo eso. Un soldado, casi sin pensarlo, agarra la pelota y comienza a correr contra las filas del gigante teutón. Se va de uno, se va de otro, casi se cae, llega agotado, concentra su último resquicio de fuerza en la pierna derecha y golpea el balón. La red de la portería se mueve. No puede ser. Es gol. Gol. Gol del Getafe. Se cae el estadio. La emoción es tanta, que cuando alguno intenta gritar, ni siquiera le sale la voz. Con un menos. Contra el Bayern. Contra todo. Gol. Ventaja en el marcador. De momento, clasificados. Descanso.

La crueldad. Acto Tercero.

Comienza la segunda parte. Alguno no se lo cree: le están ganando al Bayern. Los guerreros azules resisten. El bloque bávaro regresa a la carga. Balones al área. Pero los minutos corren. Demasiado rápido para los alemanes. La segunda parte se escurre como arena de un puño y los jugadores del Bayern comienzan a precipitarse. Su afán de gol desordena sus filas. Se abre una fisura en la retaguardia muniquesa cuando quedan pocos minutos para el final. Para el final soñado. El hueco lo aprovecha otro valiente soldado azul. Se mete en él, corriendo veloz, y sortea a sus enemigos. También al portero. Ya está, no hay nadie más, ahora sólo hay que empujar la pelota dentro de la portería y finiquitar esta batalla, clasificarse… sólo una vez de un millón el guerrero azul volvería a resbalarse. Cuando sólo tenía que empujarla. Se va al suelo. Y el portero alemán agarra la pelota mansamente. Si se hubiera mantenido en pie, la contienda habría quedado resuelta.

La crueldad. Acto cuarto:

El resbalón ya no importa. Queda un minuto. El partido se acaba. La grada grita emocionada. Desenfrenada. A quién le importa ese balón suelto hacia el área getafense. Ojo a ese balón, cuidado. No puede ser. Gol. Minuto 89. Gol del Bayern. El sepulcral y fulminante silencio es desgarrado por el estruendo de los aficionados del Bayern, en el fondo norte, que destrozan Getafe gritando gol. Empate a uno. A la prórroga. Media hora más de batalla. Los guerreros azules no pueden más. Y su ánimo está ahora muy debilitado. Estaban a un minuto de la gesta. A uno solo…

La crueldad. Acto quinto.

Comienza la prórroga. Getafe se viene arriba. Haberlo rozado con la punta de los dedos hincha el ánimo del maltrecho ejército azul. Al ataque. ¿Pero, qué hacen?, piensa el general alemán. Están malheridos, ¿por qué atacan? Atacan sí. Y golpean: disparo lejano del Getafe. Un cañón. Gol. ¿Gol? Gol. Gol del Getafe. Locura colectiva. Los guerreros han vuelto a golpear. Dos a uno. La adrenalina se dispara.

Como un boxeador que ya no siente los golpes, el Getafe vuelve a por su rival. Quiere más. Un gesto, otro, y nuevo golpe. Esta vez, un golpe definitivo. Otro gol. No puede ser. Tres a uno. Lágrimas de alegría en la grada. Lágrimas en las caras de los jugadores. Increíble en el más estricto significado de la palabra. Con un menos. Al Bayern…

Descanso de la prórroga. Los alemanes necesitarían marcar dos goles en quince minutos. El ejército azul cierra filas. No pasarán.

La crueldad. Desenlace.

Los guerreros aguantan. Las incursiones del Bayer son con el corazón, sin efecto práctico. Faltan cinco minutos. Está hecho. Está hecho. Gol. Gol del Bayern. ¿Pero qué pasó? Se le escapó la pelota al portero del Getafe. Se le escurrió como un pez, la dejó muerta en el área, y apareció una implacable bota alemana para machacarla contra la red. Tres a dos. Cuatro minutos para el final. El Getafe sigue clasificado. Los bávaros deberían marcar todavía otro más. Impensable. Impensable a no ser que sea el Bayern Munich. Faltan diez segundos. Todos los soldados bávaros suben al área rival. También el portero. Los guerreros azules se juntan y cierran filas. El balón sobrevuela el estadio, con los ojos de todas y cada una de las personas del campo sobre él. Los azules lo guían fuera, los rojos dentro. Cae en el área getafense, golpea en una cabeza, fuera ese balón de ahí. Guerreros, destruyan ese balón. Árbitro, pita. Esto se acabó. Que alguien destruya ese balón. Pero la crueldad es infinita. Y cuando quedan apenas cinco segundos, entre rebotes y empujones, la inalterable cabeza del delantero alemán se estrella contra el cuero del balón salpicando de sudor el choque. La pelota obedece al ímpetu teutón y revienta la red del Getafe. Gol del Bayern.

Gol y final. Empate a tres. Se acabó. El árbitro pita el final tras el tanto. En cinco segundos se acabó todo. Se rompió el sueño. El Bayern clasificado. El Getafe fuera. ¿Es posible? De mil veces, una, supongo que sí, que puede pasar. En cuanto a crueldad, todo es posible. Nunca deja de sorprendernos. Es infinita.

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Crueldad infinita

3 comentarios en “Crueldad infinita

  1. Anónimo dijo:

    Sin duda me viene a la cabeza un Borussia Dortmund- Deporivo del año 94 o así. Habíamos ganado 1-0 con golazo de Bebeto(yo estaba lleno de júbilo en una grada de espacial niños vacía porque era de noche) a un Borussia con figuras como Sammer,Moller,Chiapusat…y que más tarde sería campeón de Eropa.La vuelta fue muy cruel, Alfredo empató a uno casi al final con un golazo y los alemanes marcaron 2 goles de rebote en 2 minutos. Lloré, y mucho. Casi tanto como con el penalty de Djukic.Todo esto demuestra que hay que hacer varias veces el panoli para ganar algo en esto del fútbol. Unha aperta meu…Edu.

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  2. Efectivamente. A mí también me vino ese partido a la cabeza. Y de nuevo, los alemanes… (aunque el Getafe no me da pena ninguna, todo hay que decirlo) Aunque para crueldad, penalti de Djukic a parte, la que sufrió el propio Bayern contra el Manchester en la final de la Champions (dos goles del United, en el 45 y en el descuento, y adiós)

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  3. Anónimo dijo:

    No recuerdo un partido más injusto que el del Getafe por una razón. En este partido se dan todas las condiciones para que fuera épico (Ser un equipo pequeño, jugar con uno menos todo el partido, reponerse al empate en la prórroga, dar un baño de fútbol y podríao físico a todo un Bayern…). En cambio, se dieron todas las que hacen falta para que el partido se convirtiera en una tragedia (el equipo grande gana jugando peor, con uno más, remontando dos veces en el último minuto, con cantada del portero incluido, con mal arbitraje en contra…). Da igual, el Getafe es un equipo que se da por satisfecho con lo que ha conseguido, ser un poco más el segundo equipo de todos. Pero que a nadie se le olvide una cosa: nadie se acordará del Getafe dentro de un año, el fútbol sólo recuerda a los que ganan. Mañana mi´´ercoles tendrá su oportunidad.

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